Pérdida de empleos, inseguridad y petición de desacelerar la IA
Miguel del Río | 02.11.2026
Nuestra civilización está en una fase en la que nada parece preocupar. Al hay que vivir y dejar los problemas de lado, Gobiernos y sus líderes le han tomado la medida a tan irracional comportamiento, con lo que hacen de nosotros lo que les viene en gana. Sucede con la IA. Se trata del mayor riesgo al que nos enfrentamos, dicho incluso por quienes investigan sus aplicaciones. A todo el desempleo que genera, con millones de despidos, hay que sumar la posibilidad de utilizarlo con fines destructivos, y que caiga en manos indebidas. Por eso quienes más saben de IA, incluso sus creadores, hablan de aplicar con urgencia una desaceleración en su uso.
El banco británico Barclays es la última gran compañía que se ha subido al carro de anunciar 5.000 despidos. Sin pudor alguno, reconoce que la causa de semejante canallada laboral hay que buscarla en la implantación de la Inteligencia Artificial en toda su estructura de negocio. Los Gobiernos no están leyendo bien las consecuencias del invento, un software a fin de cuentas, y si partimos de este hecho tan preocupante, poco más hay que añadir sobre lo que piensan al respecto unos ciudadanos mayormente desinformados y despreocupados, tanto de esto como de cualquier otra cuestión.
El tiempo pasa que vuela. Se habla de diez años para que los sistemas inteligentes sean una gigantesca herramienta introducida en todo lo imaginable. Como muchas otras cuestiones, tiene su lado bueno, pero también muy malo. Cito uno de los peores (luego leerán el principal). El Fondo Monetario Internacional calcula que cerca de 300 millones de empleos se verán afectados por esta automatización en nuestras vidas. Los sectores donde está ya más implantada no dan motivo a engaño. Banca (un 53%), Manufactura e industria (50%), Energía (48%) y Comunicaciones (41%). Aún no existen datos sobre educación y sanidad, aunque ya hay anuncios preocupantes sobre nuevos contenidos educativos o diagnósticos médicos a través de las máquinas.
Mientras la IA avanza vertiginosamente, los países, en concreto sus Gobiernos, no toman decisiones más que necesarias. Desde luego, la principal es proteger al ciudadano, su vida y sus empleos, ante todos estos cambios que son el ahora, no el mañana. En España ya tenemos el desastre de implantar la era digital sin contar para nada con la ciudadanía. Esto no puede volver a pasar con la Inteligencia Artificial. Cierta regulación si existe (Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea de 2024). ¿Pero se cumplen sus contenidos? Como “garantizar la transparencia en la toma de decisiones de los sistemas de IA”. Como “establecer mecanismos de rendición de cuentas y supervisión humana adecuados”. La respuesta es rotundamente no.
No deja de ser curioso, a la vez que muy preocupante, que sean los propios dueños de grandes empresas de IA, quienes protagonicen la avanzadilla de alertar sobre los graves riesgos que sus creaciones tienen para la humanidad. Por si fuera poco, reclaman una desaceleración del ritmo de desarrollo de esta tecnología. La Unión Europea también está en esta línea de ir poco a poco, algo siempre imposible con Estados Unidos y China. Está última ha vinculado totalmente su desarrollo económico y social a la IA. En la actualidad, la población de aquel país supera los 1.400 millones de habitantes. En qué van a trabajar y de qué van a vivir es una incógnita, si todo se pone en manos de robots.
La historia actual por la que atraviesa la humanidad parece salida de una película de Hollywood. Pero es real. No les sonará de mucho, pero Jacob Coxon es uno de los principales investigadores en el campo de la Inteligencia Artificial. Ha trabajado en importantes compañías del sector, como OpenAI o Antrhropic. Dio el portazo a las líneas de trabajo y aplicaciones que se anuncian, reconociendo que se compite por “desarrollar una superinteligencia capaz de automejorarse sin contar con salvaguardas adecuadas”. Ha llegado de decir esto: “Están jugando con nuestras vidas”.
Dario Amodei es otro experto estadounidense. Viviendo millonariamente de ello, su opinión no puede ser más clarificadora de lo que tenemos por delante, a lo que realmente nos enfrentamos. “No desarrollar esta tecnología priva a la humanidad de beneficios o, sencillamente, pone la IA en manos de poderes autoritarios, mientras que desarrollarla demasiado deprisa es imprudente. Hemos buscado un camino intermedio». Más claro, agua.
Lo que no se atreven a reconocer públicamente los Gobiernos de cada país, son los investigadores de primera línea quienes hacen predicciones apocalípticas. A Jacob Coxon le siguen otros muchos científicos. Y coinciden en algo que nos debe poner los pelos de punta a los demás, porque hay coincidencias con el guión de la película Terminator 3, La rebelión de las máquinas. Por eso hay que tomar decisiones sobre la seguridad de la inteligencia de decisiones, una vez que gente tan importante de este campo llega a pensar que es real el temor de que una futura IA superinteligente “pueda provocar la extinción de la humanidad”. Siendo la brutal pérdida de empleo trascendental, vemos que no es la única gran incógnita que genera semejante invento mal aplicada. Como sociedad, quedamos avisados. Pero nadie mejor que los ciudadanos para hacer las preguntas pertinentes, las denuncias necesarias, y dejar claro que lo primero es el trabajo humano, la persona, antes que ponerlo todo en manos de máquinas.
Miguel del Río