Penosa y triste sociedad en la que los amigos ahora se alquilan

 

 

Miguel del Río | 06.07.2026


 

 

 

 

Acostumbrarse a los cambios, aunque sean malos, va con los tiempos que transcurren. Lo aceptamos todo, punto. En estas, resulta que, como consecuencia del gran aumento de la soledad, hoy puedes alquilar un amigo por un tiempo determinado. La pretensión es exagerada, ya que una buena amistad no se hace en media hora. Un amigo es una persona con la que mantienes afecto, confianza, respeto y lealtad, nada más y nada menos. Es todo lo que hoy está mayormente ausente dentro de nuestra penosa y triste sociedad, en la que muchos no dan ningún ejemplo, y ya saben a los que me refiero.

 

La poeta norteamericana Emily Dickinson (1830-1886) no daría crédito a la época que vivimos, de tal manera que no podría volver a escribir aquello de “Todo mi patrimonio son mis amigos”. De igual manera, en un mundo de guerras continuas, y unos dirigentes al frente de Gobiernos democráticos que las impulsan, tampoco tiene crédito aquello de Martín Luther King, sobre que “El amor es la única fuerza capaz de transformar a un enemigo en amigo”. Ya ven, poco optimismo se puede desprender ahora acerca de la amistad, y más desde que he sabido que prosperan en España las empresas dedicadas al alquiler de amigos por horas. La mejor frase que viene a cuento acerca de la aparición de este negocio es esta de que “Tocar fondo me demuestra la realidad”.

El trasfondo de esta nueva práctica social, a través de plataformas digitales de búsqueda de amistad, es la soledad. Va en aumento, así como la pérdida paulatina de algo tan sano y recomendable (para el saber) como conversar entre personas, en vez de estar, todo santo día, pegados a un móvil u ordenador. Se suele decir de España que es uno de los países más abiertos y alegres del mundo. Puede ser. Pero el caso es que la soledad ya alcanza a un 14% de nuestra población, y se da la circunstancia de que la gran mayoría de esas personas la experimentan es gente joven, algo realmente chocante y, por supuesto, muy preocupante.

Ya existen estudios preliminares sobre el tipo de personas que utilizan estas empresas de alquiler de amigos. Son usuarios con edades comprendidas entre los 25 y 40 años. Se podría pensar en una clientela de edad avanzada, pero no es así. Acuden a este servicio todo tipo de profesionales e incluso universitarios, con lo que, al menos para mí, se desmonta eso de que los mejores amigos los haces en las aulas educativas. Tampoco la interacción en redes sociales sale bien parada, si necesitas contratar a una empresa que te presente a semejantes. Esto fue un poco los inicios de Facebook o Twitter, aunque luego estas plataformas de comunicación hayan tomado derroteros muy distintos, especialmente la denominada ahora X, que parece solo servir para insultar y dar leña.

Sentirse escuchado siempre ha sido una de las mayores necesidades psicológicas de la humanidad. Si algo pone de manifiesto este nuevo siglo es que nadie escucha a nadie, en especial los gobernantes a los ciudadanos. Aunque el problema se agranda cuando extiendes tan mala actitud al entorno de tu propia familia, comunidad de vecinos y trabajo, yendo cada uno a lo suyo sin demasiada relación con los demás.

Charlando con un buen amigo y magnifico periodista radiofónico, casualmente caemos en la importancia que tiene una conversación amena o, simplemente, hablar entre personas. Me cuenta la anécdota que vive en una terraza, y a su lado, en otra mesa, una pareja que no cruza una sola palabra en el largo tiempo en que permanecen en ese café. Hace ya bastantes años que denoté este problema, no hablar en casa o la pareja, porque no daba crédito a presenciar en un restaurante como dos jóvenes, por ejemplo, degustaban una comida, pero sin cruzar una sola palabra.

Si algo valoro en mi vida diaria es una buena conversación. La sociedad actual se muestra apática en todos los sentidos, y la falta de respuesta a los problemas que vivimos, que son muchos, conlleva una indiferencia hacia lo que les pueda pasar a otros. En las empresas de alquiler de amigos las peticiones que se dan resultan de lo más variopinto. Como el caso de alquilar acompañante a la hora de acudir al médico, o se acerque hasta una casa en plan visita, para que los vecinos vean que una determinada persona tiene amistades.

La “vida digital” es solo eso, artificial. Parece mentira que, siendo tantos miles de millones de habitantes en el mundo, lleguemos a esto. Siempre han existido personas que, por su forma abierta de ser, lo tienen más fácil para relacionarse. Hoy hay otro factor que entra en juego y resulta despreciable. Me refiero a la mala educación, y a la perdida de las buenas formas. Tan solo hay que recordar el aumento cada año de las agresiones a los médicos. Inconcebible, pero ahí está, y nadie lo para contundentemente.

Por supuesto que la vida de tú a tú recompensa muchísimo más que hacerlo a través de un móvil. De hecho, muchas tecnologías solo han traído problemas: bullying, suicidios, estafas, suplantación de identidad, mentiras y falsedades y una terrible adicción a su uso, desde que te despiertas hasta que te acuestas. Al alquiler de amigos no sé lo que seguirá. Sin duda alguna, creo que prontamente habré de escribirlo y será pernicioso, como muchos de los cambios a los que asistimos, que no conllevan una sociedad a mejor. Muy al contrario, es a peor.

 

 

Miguel del Río