Cantabria y no disponer de dinero a falta de sucursales y cajeros

 

 

Miguel del Río | 16.06.2026


 

 

 

 

Lo que durante el Covid fue una eliminación silenciosa de servicios presenciales, con trabajadores, que prestaba la banca a sus clientes, ha tornado en toda una sangría de supresión de sucursales y cajeros automáticos. Es impresentable que el Gobierno apoyase y apoye algo semejante. El caso es que miles de ciudadanos, caso de Cantabria, ya no tienen acceso a un servicio que bien puede definirse como público. A la hora de ingresar nuestro dinero, la banca no pone pegas. Los impedimentos llegan cuando el impositor quiere efectivo y no tiene donde conseguirlo fácilmente.

 

Ahora el anuncio publicitario preferente de los bancos es ofrecer un dinerito a quienes decidan hacerse clientes, empezando por cobrar la nómina mensual a través de la nueva entidad financiera supuestamente elegida. Dar es una cosa y devolver otra. Ocurre que lo de tener efectivo en el bolsillo se ha complicado y mucho. Un motivo esencial, al tiempo de pésimo servicio, es la falta de sucursales y, especialmente, cajeros automáticos que devuelvan lo que es de uno.

A pasos agigantados se avanza hacia una economía electrónica, de pagarlo todo con el móvil, las tarjetas y el Bizum. Hay lugares en los que ya se extrañan cuando abonas una compra con algún billete o moneda de euro. Creo que no nos percatamos lo suficiente de que este nuevo sistema es un control total sobre cualquier pago o transacción económica que los ciudadanos efectuemos. Cuando hablamos de robots, miramos a la sustitución en empresas de máquinas por personas, pero puede que lo tengamos más cerca de lo que pensamos, desde el punto de vista de que los propios humanos somos cada vez más esos robots teledirigidos.

Como en tantos casos, incluso las Administraciones, ¡ya les vale!, impera la desatención personal al ciudadano. Tanto en organismos como empresas, has de hacerlo todo vía web o móvil. Incluso utilizando Internet, la suerte debe acompañarte en la gestión a realizar, porque tampoco en materias tecnológicas es que seamos un país o sociedad solventes. En la fisonomía de las ciudades desaparecen las sucursales bancarias, e incluso los cajeros automáticos, que sería una forma de atenderte adecuadamente, pero incluso escasea este sistema de retirar dinero o realizar alguna gestión bancaria. Hoy te obligan a recordar dónde hay un cajero dentro del municipio en que resides. Incluso así, puede que un día saques dinero, regreses al poco, y haya desaparecido ese cajero de la noche a la mañana.

Los datos de Cantabria al respecto sí que son preocupantes, dentro de un similar panorama nacional. Siendo cuna de nacimiento de importantes bancos, el cierre de sucursales es lo que prima. Tanto es así, que nos encontramos con 60 municipios, de los 102 con que contamos, en los que su población no dispone de tal servicio, tan básico y necesario.

Cuando se habla del despoblamiento rural, y se aportan alocadas ideas al respecto, habría que empezar por aplicar sentido común. A los pueblos no se les puede dejar sin sucursales bancarias, cajeros automáticos, Correos, centro educativo cercano, médico, farmacia, incluso perder el bar o la tienda de ultramarinos de toda la vida. Si cuestiones tan básicas no se protegen, nadie puede culpar a los pobladores naturales de muchas zonas por cambiar de lugar de residencia, para contar con mejores posibilidades de vida.

En el asunto de los cajeros, Cantabria tiene el triste honor de encabezar el ranking nacional de retirada de los mismos, con 94 casos. Casi 35.000 cántabros no cuentan en su municipio con dicho servicio. Siendo el dato malo, no para aquí la cosa. Sigue creciendo la población que se ve inmersa en el mismo problema. Como pasa con las sucursales, en la supresión de cajeros automáticos no se puede hablar de una tendencia nacional. En Aragón, Baleares, Canarias, Murcia, Navarra y La Rioja, aumentan, según datos del Banco de España. Aquí es al revés, cada vez menos. Y eso ocurre dentro de ciudades con importante población, donde incluso no es seguro verlos en el mismísimo centro urbano.

No sería justo obviar el esfuerzo que están llevando a cabo los Gobiernos autonómicos, caso de Cantabria, por colaborar y financiar la implantación de cajeros fundamentalmente en las zonas rurales más desprotegidas. Lo que sucede es que, desde las propias entidades financieras, empecinadas en su todo de manera digital para ahorrar costes, tendrían que pensar que son al tiempo un servicio público, y que está muy bien captarnos como clientes para custodiar nuestro dinero, pero al igual tendrían que facilitar totalmente poder rescatarlo en un momento dado para uso libre de lo que estimemos, desde abonar la gasolina del coche a pagar la compra en el supermercado o un pequeño comercio, de los que ya tampoco existen en los pueblos.

El futuro no pinta bien porque los esfuerzos se centran en ir eliminando paulatinamente el dinero físico, para que cualquier transacción sea electrónica o digital. Nada importa si la población no tiene la suficiente alfabetización tecnológica, que tampoco proporcionan, o el asalto de estafas de todo tipo que los ciudadanos estamos sufriendo por email, móvil, wasap y hasta redes sociales. Es lo que tiene hacer los cambios desde arriba, sin contar para nada con los de abajo. Todo sea, como es el caso, por tener a la gente absolutamente controlada.

 

 

Miguel del Río