Colaboraciones
Por qué se come pescado en Semana Santa
04 abril, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez
El hecho de no comer carne y en su lugar comer pescado es interpretado como una jornada de penitencia y una vía para unificar un ritual. Este sacrificio personal está conectado a otras acciones, valores, como el perdón, la paciencia, la empatía y la ayuda hacia los demás.
Consumir pescado en Viernes Santo se asocia también a la fe. Por ejemplo, Jesús multiplicó cinco panes y dos peces para alimentar a una multitud que se encontraba en un lugar desolado cerca del mar de Galilea; este hecho se puede leer en Marcos 6:41-43.
El padre José de Jesús Aguilar, sacerdote de la Arquidiócesis de México, explica que esta costumbre de los fieles católicos de abstenerse de comer carne durante esta Semana se originó en los comienzos de la Iglesia. Lo que se sugería era comer pescado, ya que la gente no tenía dinero para comer carne, un alimento de lujo que solo podía ser consumido en grandes celebraciones.
Este es el día en que Cristo murió, por lo que parece apropiado abstenerse del derramamiento (y consumo) de sangre. El viernes, el sexto día, también fue el día en que Dios creó a los animales, por lo que abstenerse de comer carne es una «suspensión de la ejecución» simbólica para las vacas, los cerdos y las ovejas, así como la cruz nos salva de la muerte eterna.
Comer pescado durante Semana Santa evita, simbólicamente, el derramamiento de sangre.
Por lo tanto, la práctica de comer pescado en lugar de carne durante la Semana Santa se ha mantenido a lo largo de los siglos como una forma de observar la penitencia, recordar el sacrificio de Jesús y fortalecer la conexión con la fe cristiana.
Comer pescado en Semana Santa es una forma de abstinencia y sacrificio en honor al sacrificio de Jesús en la Cruz. Se evita la carne roja (que representa el cuerpo de Cristo) y se consume pescado, tradicionalmente asociado con la humildad y el ayuno.
Significado religioso: la carne roja se considera un alimento festivo o de lujo, mientras que la abstinencia busca la penitencia.
Ayuno y penitencia: la Iglesia católica establece la abstinencia de carne los viernes de Cuaresma, siendo el Viernes Santo el día principal de esta práctica, para recordar la crucifixión.
Tradición antigua: esta costumbre viene de siglos atrás (Edad Media), cuando el pescado era una alternativa accesible a la carne en días de ayuno.
No es «sustitución» por gusto: La idea no es cambiar un manjar por otro, sino realizar un sacrificio voluntario.
La Iglesia ordena que los católicos practiquemos la abstinencia de la carne como una forma de unirnos a todos en un espíritu de penitencia, para recordar la muerte del Señor.
«Empero el Espíritu dice manifiestamente, que en los venideros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus de error y a doctrinas de demonios; Que con hipocresía hablarán mentira, teniendo cauterizada la conciencia. Que prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de las viandas que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellas los que han conocido la verdad» (1 Tim 4, 1-4).
En aquellas comunidades la carne disponible para ser comprada en el mercado público a menudo provenía de un animal que había sido ofrecido, total o parcialmente, como un sacrificio a los diferentes ritos religiosos paganos. El problema para la comunidad cristiana de aquel entonces era saber si era apropiado o no comer esta clase de carne: ¿había sido contaminada por haber sido parte de ritos paganos? ¿Se participaba en esta religión (y por lo tanto se cometía apostasía) por comer esta carne? Pablo anima a los cristianos en Roma y en Corinto a recordar que, aunque no se prohibía específicamente comer esta carne, las personas sensatas evitarían hacerlo si otros podían ofenderse. Las necesidades de los miembros más débiles y la posibilidad concreta que su fe fuera lesionada son importantes consideraciones cuando se toman decisiones sobre la alimentación.
San Pablo condena a aquellos que prohíben en todos los casos la carne, para evitar consumir algo que pudo haber sido sacrificado a los ídolos, como posteriormente enseñarían los maniqueos. Ya el mismo Pablo lo menciona en su carta a los Romanos ambas actitudes, aquellos que prohibían comer carne y aquellos que creían que podían comer de todo sin importar lo que pensaran los que no la comían. El apóstol contesta:
«No vayas a destruir la obra de Dios por un alimento. Todo es puro, ciertamente, pero es malo comer dando escándalo. Lo bueno es no comer carne, ni beber vino, ni hacer cosa que sea para tu hermano ocasión de caída, tropiezo o debilidad» (Rom 14, 20-21).
Así, Pablo nos invitaba a examinar nuestra actitud para no afectar la fe de nuestro hermano.
«En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma» (Canon 1250).
«Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo» (Canon 1251).
Nos damos cuenta que lo que la Iglesia busca es unirnos en un solo sentir (Fil 1, 27) para conmemorar la muerte del Señor, y presentar un espíritu reflexivo y de penitencia. ¿De qué manera? Promoviendo el ayuno y la abstinencia. ¿Y la base bíblica?
Nuevamente citando a san Lucas encontramos el siguiente texto:
«Luego le dijeron: “Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben”». Jesús les contestó: «¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar».
La Iglesia nos invita a conmemorar la muerte del Señor a través del ayuno y la abstinencia.
San Pablo nos invita a someter nuestro cuerpo (1 Cor 9, 27), y por eso la abstinencia logra que mortifiquemos nuestros deseos para fortalecernos espiritualmente.
La principal necesidad fisiológica del ser humano es el comer. Es algo tan vital que hasta cuando Jesús sintió hambre, fue tentado por el diablo.
Así que la Iglesia ha querido en aras de mantenernos en un mismo espíritu de penitencia en esta época, el considerar que ofrezcamos el sacrificio de no comer carne en memoria de la muerte del Señor. Quiere decir que lo importante de la abstinencia de carne, no es privarse de la carne en sí, si no rememorar la muerte del Señor, como señal de sacrificio.
La Iglesia ordena que los católicos practiquemos la abstinencia de la carne como una forma de unirnos a todos en un espíritu de penitencia, para recordar la muerte del Señor y someter nuestro cuerpo al espíritu privándonos de comer un alimento muy común y apetecido por la gran mayoría. Pero está en cada uno, revisar su vida y sus actos y ofrecer a Dios algún tipo de mortificación adicional que nos haga reflexionar nuestro comportamiento y nuestra respuesta hacia Dios.