Colaboraciones
Víctimas de sus propias ideologías
06 marzo, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez
Hay que reconocer que este juego democrático «del quítate tú para ponerme yo», eso que los políticos llaman alternancia en el gobierno de la nación, fue un invento genial, porque sirve de desaguadero y permite un cierto alivio cuando la situación se hace insostenible. Un simple relevo de caballos es suficiente para seguir cabalgando por la ruta marcada, como si nada hubiera pasado. Lo llevamos viendo en España durante décadas. Pasado un tiempo los españoles necesitan esa alternancia para que las ilusiones no mueran, aunque luego todo siga igual y la farsa continúe. Por este camino la regeneración político-social no va a llegar nunca, porque el supuesto recambio se hace con piezas de repuesto, que ya han demostrado ser defectuosas e inútiles.
En este contexto, Voltaire pudo decir: «La política es el camino para que los hombres sin principios puedan dirigir a los hombres sin memoria». Son ya muchas las veces que nos hemos sentido traicionados por las mentiras de políticos embusteros de uno u otro signo, para seguir confiando en ellos. La gente irá a votar, sí, pero lo hará, no tanto por entusiasmo hacia los suyos, cuanto por rechazo visceral al adversario.
La situación por la que atravesamos los españoles no es nada buena; dígase lo que se diga. Si comparamos nuestro actual país con la España próspera de nuestros padres y abuelos, nos daremos cuenta, no ya solo que se han perdido los valores humanos, familiares y nacionales, es que también hemos salido perdiendo por lo que al plano económico se refiere. Ahora son muchos los españoles que tienen que conformarse con la limosna que les ofrece el Estado en prevención de una posible revuelta social.
Los motivos de la predilección democrática por parte del PSOE son de pura conveniencia política. Este sistema les ha sido servido para implantar en España su sectaria ideología «socialistoide», algo que les hubiera sido muy difícil conseguir de otra forma. Para corroborar esto, solo es preciso recordar las consignas de su líder, Largo Caballero, que por activa y por pasiva no se cansó de decir que, si la España socialista no llegaba por vía democrática, había que recurrir a la revolución. Sustancialmente este mensaje está presente en la actualidad.
Si para mantenerse en el poder hay que vender parte de España al mejor postor: alguno ya lo está haciendo.