Colaboraciones

 

Magisterio vivo de la Iglesia

 

 

 

29 junio, 2024 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

 

El Catecismo de la Iglesia católica (85) enseña a todos que «el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo», es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma. Ningún cristiano, ninguna asociación, ningún Obispo, ningún grupo de Obispos puede rechazar determinadas enseñanzas o mandatos de ese Magisterio apostólico sin dividir la Iglesia, deteriorando su congénita unidad al anteponer al Magisterio sus propios juicios y valoraciones.

La Iglesia católica, apostólica y romana es indefectible. En ella el ejercicio de la Autoridad apostólica queda exento de errores doctrinales y de disciplinas litúrgicas o pastorales perjudiciales para el pueblo cristiano, pues está permanentemente asistido por el Espíritu Santo, que, a lo largo de los siglos, le «guía hacia la verdad completa» (Jn 16, 13). La doctrina y la disciplina crecen siempre en la Iglesia en el mismo sentido, en una continua fidelidad a sí misma, como crece una planta hasta hacerse un gran árbol.

Conviene recordar:

- Las enseñanzas verdaderas del Concilio Vaticano II están en sus textos. Y la auténtica y verdadera interpretación de esas enseñanzas sólo puede darla el supremo Magisterio de la Iglesia.

- Una enseñanza o una disciplina mantenida unánimemente por el Papa y los Obispos no puede ser errónea o perjudicial para el pueblo cristiano.

- Toda enseñanza contraria a la indefectibilidad de la Iglesia es gravemente falsa.

- Sólo el Magisterio tiene autoridad apostólica para interpretar la Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

- Todo documento de la Iglesia requiere una interpretación, que ha de hacerse por el examen del mismo a la luz del Magisterio apostólico precedente y también al posterior.

- La Iglesia católica, apostólica y romana es indefectible.

- La Iglesia tiene la potestad de crear y modificar sus ritos litúrgicos.

- A ese «derecho» de la Jerarquía apostólica sobre la regulación de la Liturgia sagrada corresponde un grave «deber» de obediencia en todos los fieles de la Iglesia.

- Ningún rito litúrgico, tampoco la Misa de San Pío V, puede quedar fijado a perpetuidad.

- La plena obediencia al Papa y a los Obispos que están en unión con él está absolutamente exigida por la fe y la caridad eclesial.

- Tengamos en la fe clara convicción de que no existe otra Iglesia que la Iglesia actual y visible.

- El tradicionalismo exacerbado y arbitrario sitúa, pues, a quienes lo siguen en grave peligro espiritual.

- Los numerosos errores doctrinales y los terribles abusos que en materia litúrgica se producen en la Iglesia hace años de ningún modo son causa justificante para negar la obediencia plena al Papa y a los Obispos católicos.