COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

BIENAVENTURADOS SOMOS; ES EL DON QUE DIOS NOS CONCEDE

 

 

“¡QUÉ PALPITEN LOS ÁNIMOS!: Andamos extraviados por el mundo, necesitados de lo paradisíaco, que es donde anida el bien y la bondad. Jesús nos trae a la memoria que somos un don sagrado, atento a no desperdiciar el buen uso de las cosas, respetando y promoviendo la savia siempre. Los bienes que nos acompañan deben ser custodiados y compartidos, de modo que a nadie le falte lo necesario. Nos toca, pues, creer para crecer, soñar para despertar y obrar para hallarnos.”

 

 

 

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 31.01.2026


 

 

 

I.- SUBIR A LO ALTO;
PARA DARSE A DIOS
Y DONARSE A LOS DEMÁS

Uno tiene que encontrarse primero,
para lograr ofrendarse y ofrecerse,
que es como se florece en el afecto,
y en el venerable don se desarrolla,
que es donde reside la dicha alegre.

Vuelva a nosotros la eterna fuerza,
dejémonos coronar por su mística,
confiemos en su armónico compás,
adjudiquémonos en cuerpo y alma,
y desprendámonos de lo mundano.

No hay mejor ascenso que lo níveo,
para ser más del cielo que terrestre;
como tampoco hay más serenidad,
que el desprenderse de sí y donarse,
pues diseña el semblante de Cristo.

 

 

II.- REMONTAR LAS PENAS;
PARA VOLVER AL POEMA
Y LEGARSE CON OJOS DE NIÑO

Jesús empieza a remontar el verso,
proclama de este modo una estrofa;
revelándonos una naciente textura,
la de ser dócil en vez de insociable,
resurgiendo una composición viva.

No hay mayor gala que ser manso,
que no imponer nada y poner amor,
que versificarse y advertirse hálito,
como renuevos de Dios que somos,
a la espera siempre de su consuelo.

Seamos sus cantautores celestiales,
avivemos la contemplativa mística,
recolectada por nuestro Libertador,
que con su cruz nos ofrece la llave,
para ir al edén y volver a la belleza.

 

 

III.- DEJEMOS DE SER MUNDANOS;
PARA ASCENDER
Y ENCENDER EL RADIANTE TINO

Nuestra dimensión nos solicita luz,
y el núcleo intimo de lo que uno es;
nos pide sustento y soporte etéreo,
no el usurero dinero de aquí abajo,
sino el acompañamiento de pulsos.

Es verdad que todo tiene su pausa,
que es lo que nos hace corregirnos;
ejercitar el propósito de enmienda,
que es lo que nos injerta fortaleza;
para tomar respiro y rehabilitarnos.

La divinidad es de los desposeídos,
de los que saben absolver siempre,
haciendo de la clemencia su diario,
porque todo se alienta de renuncias,
de lo terrenal a lo espiritual del ser.

 

 

Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
31 de enero de 2026