Opinión
06/11/2026
León XIV, la voz que clamará en el desierto en Sudamérica
Pedro María Reyes
Un momento de la Catequesis de León XIV.
(@Vatican Media).

Ante la próxima visita del Papa León XIV a tres países de Sudamérica, se me ocurre pensar que hay un gran paralelismo entre este acontecimiento y la predicación de San Juan Bautista. Este gran santo, el mayor nacido de mujer (cf. Mt 11, 11) y el mejor entre los profetas (cf. Lc 7, 26) definió su misión como la voz que clama en el desierto (cf. Jn 1, 23). Esta expresión, que Juan se aplicó a sí mismo, procede de la profecía de Isaías (40, 3) y habla de allanar la estepa y preparar un camino para Dios que va a venir a revelar su gloria.
Hoy esta frase se asocia más bien a quien fracasa en su predicación, tanto que constituye una frase hecha. Quien dice que es la voz que predica en el desierto, indica que está pronunciando un mensaje importante y advirtiendo del cambio ante una sociedad indiferente e incluso hostil sin conseguir resultados. Y también en este sentido hay un paralelismo entre el Bautista y la predicación de León XIV.
¿Cómo podía decir San Juan que gritaba en el desierto, si era capaz de reunir a mucha gente? Porque según el Evangelio convocaba a multitudes procedentes de toda Judea y de más lejos que iban a escucharle. También el Papa reunirá multitudes: sumando los tres países, seguro que lo verán varios millones de personas.
San Juan Bautista pedía la conversión de sus oyentes (cf. Mt 3, 2) e incluso confesaban sus pecados (cf. Mc 1, 5), y a veces daba indicaciones muy concretas de los actos de conversión: a los publicanos les daba unos consejos y otros distintos a los soldados (cf. Lc 3, 12-14), adecuados a las necesidades de su profesión. Incluso se atrevió a decirle a Herodes qué debía hacer para convertirse, que era abandonar una relación marital prohibida por la ley (cf. Lc 3, 19), y este tirano le escuchaba con gusto (cf. Mc 6, 20).
Entonces, si su misión tuvo éxito en las multitudes e incluso en los gobernantes ¿por qué predicó en el desierto? Yo diría que la respuesta está en la falta de respuesta real del pueblo que iba a escucharlo. Lamentablemente a muchos, usando una expresión coloquial de hoy, lo que San Juan decía les entraba por una oreja y les salía por otra. También había quienes se aprovechaban de su predicación. Nos podemos imaginar a Herodes presumiendo ante sus nobles de que tenía como consejero al gran profeta del que todos hablaban. También intentó manipular a Jesús un tiempo después.
El Papa previsiblemente recordará las exigencias de la vida cristiana, como la conversión, la santidad, la vida de oración y las exigencias morales de un bautizado. Pero siempre existe el riesgo de que no signifique una conversión real. Realmente depende de los fieles que esto no suceda. Y es posible también que los políticos intenten amañar al Papa, presentando sus posiciones como las mejores aplicaciones de la doctrina del Papa. Somos nosotros los fieles, y especialmente los sacerdotes, los que hemos de difundir las enseñanzas del Papa, las verdaderas, no las construcciones que quieran levantar falsamente algunos. Diría que nos corresponde a nosotros no permitir que manipulen lo que diga el Papa.
La misión del Bautista no fue un fracaso: supo preparar al pueblo para la venida del Mesías. De hecho los primeros discípulos del Señor vinieron de San Juan, y fueron tantos los que abandonaban a San Juan para irse con Jesús que se preocuparon por eso (cf. Jn 3, 26). Incluso San Pablo, varios decenios después de la muerte del Precursor, encontró discípulos suyos que se bautizaron por la predicación que habían recibido a orillas del Jordán (cf. Hch 19, 1-7).
También la predicación de León XIV en Uruguay, Argentina y Perú dará fruto. La profecía de Isaías termina diciendo: «se revelará la gloria del Señor, y la verán todos juntos» (40, 5). Ciertamente va a tener éxito, por la gracia de Dios, y será el Señor el que hará que el desierto florezca.
Pedro María Reyes