¿Dónde está la ONU?

 

 

15/10/2026 | por Grupo Areópago


 

 

 

 

 

 

El mundo vive una etapa con numerosos enfrentamientos. No se trata de un gran conflicto, sino una colección de frentes que enfrentan a grupos de países y sus consecuencias afectan a terceros que están lejos de cualquier influencia sobre el problema.

La repercusión del conflicto entre Rusia y Ucrania y su efecto en el mercado internacional de cereales puede ser un buen ejemplo, el efecto llegó al otro extremo del mundo. La guerra entre Estados Unidos e Irán y su efecto global por el bloqueo del estrecho de Ormuz y los precios del petróleo es todavía más gráfico. Un tercer caso podría ser el conflicto de los hutíes con Israel que provoca un corte efectivo de tráfico en aguas internacionales que afectan a multitud de países, la mayoría muy alejados del conflicto.

El papa Francisco hablaba de guerra mundial por pedazos con conflictos diversos y simultáneos. Una especie de conflicto multipista, como en los macroconciertos veraniegos: varios grupos tocando a la vez en distintos escenarios dentro del mismo entorno, con el volumen a todo trapo para que se imponga la música más estridente.

El resultado tiene un impacto global donde los que más sufren son los más débiles.

Con este panorama nos preguntábamos ¿dónde estaban las Naciones Unidas? Uno de sus objetivos fundacionales es la preservación de la paz mundial, pero su relevancia en la mediación sobre estos conflictos ha sido prácticamente nula.

Por fin, estos días se está celebrando una Asamblea General con la asistencia de los grandes mandatarios del mundo. La ONU ha recuperado por un momento el papel de foro, donde los dirigentes pueden discutir entre ellos, mirándose a los ojos, en lugar de sembrar muerte y destrucción lejos de sus palacios de gobierno.

Falta ver si además, la ONU recupera también su poder de influencia, obligando a llegar a acuerdos y a detener la multitud de guerras en curso.

Si la ONU no tiene capacidad o iniciativa en la resolución de conflictos globales que afectan a activos internacionales (como el estrecho de Ormuz, el de Suez o el de Bab-el-Mandeb, por el que pasa una parte significativa del tráfico mundial de mercancías), ¿cómo va a intervenir en guerras locales o fronterizas, que no afectan tan directamente a la comunidad mundial?

Es evidente que la ONU necesita una refundación que revise su financiación, retire los vetos que actualmente comprometen de manera clara su imparcialidad, y se gane el reconocimiento de una autoridad moral que ahora ha perdido. Una ONU irrelevante no sirve para nada. Al menos estos días tenemos unos rayos de esperanza.

 

 

GRUPO AREÓPAGO