Tribunas

Perros sí, niños no

 

Alberto García Chavida


Paseo con perro.

 

 

 

 

 

 

Me comentaba recientemente mi amigo John de lo que le sucedió hace unos días en Narbona. Viajaba acompañado de su esposa y dos hijos, al buscar alojamiento para dos noches en una casa rural se encontró con la siguiente pregunta: ¿pero tienen niños?, en ese caso no pueden quedarse aquí. John les tranquilizó porque sus hijos son mayores. Pero esto refleja un hecho. En los últimos años se ha puesto de moda, en algunos hoteles, restaurantes e incluso en bodas el no admitir niños, aunque sí esté permitido el uso de mascotas. Lo que empezó como una oferta turística se ha convertido en un fenómeno que revela un cambio social muy profundo.

Esto refleja un cambio cultural importante, donde parte de la sociedad prioriza espacios más tranquilos o exclusivos, mientras que paradójicamente se valora más la compañía de animales, que la presencia de niños.

Parece como si hubiera una creciente niño fobia en España. Hoteles, restaurantes, cruceros, trenes, aviones, bodas, vivienda de alquiler... ¿de qué espacios se les excluye? ¿Va más allá del ocio? Lo que empezó como una oferta turística se ha convertido en un negocio.

Existe una intolerancia, cada vez mayor, que se suele traducir en quejas por cosas insignificantes que realizan los niños y también una intolerancia a lo que suponen los gritos, las carreras. Estos intolerantes parece que no se acuerdan de que ellos alguna vez fueron niños. El problema actual es que uno ahora se encierra y no quiere saber nada de los demás. Para esta gente, el niño supone una molestia y cuanto más lejos, mejor.

En el mundo del ocio está muy presente ese “ADULTS ONLY”, pero ahora está colonizando otros espacios. En los trenes de alta velocidad hay vagones silenciosos donde no admiten niños, hay compañías aéreas que por un suplemento te garantizan que no llevas niños al lado, o familias que tienen problemas para alquilar un piso porque tienen niños, y al casero eso no le gusta. Lo último es la exclusión de celebraciones familiares, como las bodas. Se convierten así las bodas como un sinónimo de escapada, que es algo perverso.

¿Qué hay detrás de todo esto? Un narcisismo puro y duro, una obsesión por la gratificación inmediata y sin límites. Mientras los niños representan el caos, lo imprevisible, lo incómodo, el estar en vilo, que impide gozar del hedonismo absoluto.

España se dibuja como una potencia absoluta en este sector, solo por detrás de Japón y Brasil. Lo preocupante es que en una sociedad como la española, donde los niños son tan escasos, y deberían verse como un tesoro, no como un estorbo. Algún experto alerta de que antes de diez años veremos días sin niños en los parques de atracciones. Estamos ante una sociedad exclusivista, que rechaza todo lo que nos contraría, sin mirar el futuro, y solo pendiente de pasarlo bien, sin mirar con quién.