El escándalo silencioso: o comer o vivir bajo un techo
20/07/2026 | por Grupo Areópago
La Memoria de Cáritas Española de 2025 vuelve a poner cifras a una realidad que muchos prefieren ignorar. Detrás de los datos hay rostros, historias y sufrimiento de millones de personas en nuestro país; muchos vecinos nuestros.
Cáritas atendió y acompañó en 2025 a 2,1 millones de personas, realizando una inversión récord para hacer frente a dos de las grandes emergencias sociales de nuestro tiempo como son la crisis de acceso a la vivienda digna –un derecho “fake”- y la inseguridad alimentaria. Lejos de ser problemas aislados, ambas realidades están profundamente conectadas y forman parte de una misma trampa de pobreza de la que resulta cada vez más difícil escapar. Interconectadas porque miles de personas cada día tienen que plantearse entre comer o pagar un “techo”.
El coste de la vivienda se ha convertido en un auténtico “devorador” de los presupuestos familiares, como ha definido Cáritas Española, que viene denunciando esta situación desde hace unos años no solo a nivel nacional sino también a nivel diocesano. Los alquileres disparados, los precios de compra inaccesibles, los salarios insuficientes y la precariedad laboral están condenando a miles de familias a dedicar la mayor parte de sus ingresos a mantener un techo sobre sus cabezas. Un techo que en la mayoría de los casos no es digno. Cuando eso ocurre, la alimentación se convierte en la variable de ajuste. Se recorta en carne, pescado, fruta o productos frescos para poder pagar una habitación o una renta mensual. Así, lo que debería ser un derecho básico acaba transformándose en un lujo inalcanzable para miles de ciudadanos.
Las cifras que aporta Cáritas son claras. El 56% de las personas atendidas por Cáritas sufren inseguridad alimentaria. Una situación que afecta ya a uno de cada diez hogares en España. Más de 600.000 personas pasan días enteros sin comer por falta de recursos económicos.; miles de personas en los primeros días de cada mes ya no tienen para comer. Resulta difícil asumir que estos datos correspondan a uno de los países más desarrollados del mundo.
Sin embargo, quienes sirven cada día a día en los comedores sociales saben que estas estadísticas tienen nombre y apellido. Son familias que apenas consumen alimentos frescos porque no pueden permitírselos; personas enfermas que ven agravado su estado de salud porque una dieta equilibrada está fuera de su alcance; niños que conocen la fruta o el pescado porque nunca llegan a su mesa. Son situaciones que existen en nuestros barrios, en nuestras ciudades y, muchas veces, a pocos metros de nuestras casas.
Hoy miles de trabajadores, a pesar de tener una nómina, no consiguen cubrir sus necesidades básicas. Trabajan, pagan impuestos y cumplen con sus obligaciones, pero se ven obligados a decidir si pagan una habitación donde conviven hacinadas varias personas o si garantizan una alimentación adecuada para su familia. Esta es una de las grandes contradicciones de nuestro tiempo: tener trabajo ya no es garantía de una vida digna.
Frente a esta realidad, la labor de entidades como Cáritas resulta imprescindible y más que necesaria, porque en muchos casos sólo Cáritas tiende la mano. La solidaridad de ciudadanos, empresas e instituciones permite que miles de personas encuentren apoyo cada día, pero una sociedad no puede conformarse con que la respuesta al hambre dependa exclusivamente de la beneficencia o de la buena voluntad de quienes ayudan. La defensa de derechos tan fundamentales como la alimentación, la vivienda o la salud exige respuestas estructurales y políticas públicas capaces de proteger a las personas más vulnerables.
La Memoria de Cáritas de 2025 no es solo un balance de actividad y un ejercicio de transparencia. Es, sobre todo, una llamada de atención a toda la sociedad. Porque en pleno siglo XXI, en una democracia avanzada y en una de las principales economías europeas, que miles de personas tengan que elegir entre comer o tener un techo digno no es una estadística más: es un auténtico escándalo que debería interpelarnos a todos.
GRUPO AREÓPAGO