Opinión
05/07/2026
Los unos y los otros. De error en error
Sermón del P. Davide Pagliarani,
Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X,
pronunciado durante las consagraciones episcopales
celebradas en Ecône el 1 de julio de 2026.
Foto: FSSPX

Se ha consumado la infamia. Se ha perpetrado la ignominia. Écôn está de fiesta y Roma llora la herida de la ruptura. Ante la concurrencia copiosa de laicos, religiosos y sacerdotes, les eran impuestas las manos a cuatro presbíteros llamados - por no sabemos quién - al orden episcopal. Sin embargo, vistas las cosas con cierta distancia y sin apasionamiento, debemos huir de toda clasificación maniqueísta, en buenos y malos, en este conflicto.
Analicemos algunas palabras del P. Pagliarani en su sermón de la misa de consagración episcopal:
"Se pertenece a la Iglesia, ante todo, por la fe, por la profesión íntegra de la fe, por la profesión íntegra de la fe de la Iglesia".
Es una verdad a medias. No solo basta la obediencia de la fe, el auditus fidei, sino también la obediencia al Romano Pontífice. Así lo enseñaba el Catecismo de San Pío X (CSPX en adelante):
"Verdadero cristiano es el que está bautizado, cree y profesa la doctrina cristiana y obedece a los legítimos Pastores de la Iglesia" (CSPX 3)
y
"Para ser miembro de la Iglesia es necesario estar bautizado, creer y profesar la doctrina de Jesucristo, participar de los mismos Sacramentos, reconocer al Papa y a los otros Pastores legítimos de la Iglesia" (CSPX 152).
Por tanto, es una comunión incompleta la que viven los clérigos y laicos de la FSSPX.
Sigue diciendo el superior de la FSSPX:
"Es porque amamos al Vicario de Cristo por lo que ya no queremos esta humillación para el Papa, una humillación que recae sobre toda la Iglesia, tratada en pie de igualdad con las falsas religiones".
¿Cómo se puede hablar de defender al Papa de las humillaciones de los otros, cuando ellos lo están humillando con su desobediencia y deslealtad? La incongruencia de estas palabras se torna en cinismo a fuerza de los elocuentes actos consumados. ¿Obrando una desobediencia humillante, mostrando una osadía desafiante al Romano Pontífice, acaso no se sitúan fuera de la comunión eclesial? Recordemos estas palabras del Catecismo:
"Puede alguien salvarse fuera de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana?
- No, señor; fuera de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana,
nadie puede salvarse, como nadie pudo salvarse del diluvio fuera del Arca de Noé, que era figura de esta Iglesia" (CSPX 170).Continúa Pagliarani:
"Estamos aquí porque creemos. Porque creemos que la Iglesia de siempre sigue siendo la Iglesia de hoy. Porque creemos que la Tradición no puede desaparecer. Porque creemos que Nuestro Señor no abandona a su Iglesia. Y porque creemos que la fe católica debe permanecer íntegra hasta el fin de los tiempos".
Y si esto es así, ¿por qué no permanecer en ella? Si se reconoce esta continuidad, ¿qué hace pensar que la Iglesia haya sucumbido al mal? ¿No será que en el fondo queremos negar las palabras de Nuestro Señor, que aseguró la indefectibilidad de su Iglesia al decir «portae inferi non praevalebunt»?
Continúa el superior de la Fraternidad:
"Porque conservar la fe tiene un precio. Siempre lo ha tenido. Los mártires pagaron ese precio. Los confesores de la fe pagaron ese precio. Los santos obispos pagaron ese precio. San Atanasio lo pagó. San Hilario lo pagó. San Juan Fisher lo pagó. Santo Tomás Moro lo pagó. También monseñor Lefebvre pagó ese precio. Y nosotros debemos aceptar pagarlo igualmente".
Efectivamente, la fe exige un precio caro a pagar, pero no entra en su haber la desobediencia a los legítimos pastores. Los mártires lo son por derramar su sangre por la fe perdonando a sus verdugos, pero ninguno de ellos lo fue por desobedecer terca y rotundamente al Papa. Incluir en esa lista a Mons. Lefevbre y a sus seguidoras es injusto para los santos mártires que les preceden.
"Pero sabemos una cosa: la Iglesia pertenece a Nuestro Señor. No nos pertenece a nosotros. Nunca nos ha pertenecido. Y nunca nos pertenecerá"
Entonces, ¿por qué no fiarse del Espíritu que la alienta? No se entiende que el P. Pagliarani pueda pronunciar estas palabras y no sentir sonrojo al negar con el corazón lo que sus labios afirman. Si la Iglesia es de Cristo y Él permanece con ella ¿por qué dudar de que sea así realmente? ¿Por qué establecer dos iglesias paralelas de fieles e infieles, tradicionalistas y sinodalistas? En el fondo se descubre cierta arrogancia por estar muy por encima del resto de católicos y creyendo que saben más que el mismo Señor.
Podríamos decir que el sermón de Pagliarani contiene elementos ambiguos que pueden volverse en su contra; en otros momentos no se le puede quitar la razón.
Sin embargo, es triste que hayan llegado a este día por lo que significa para el conjunto de la Iglesia. Pero ¿debemos extrañarnos? Desde que el Papa Benedicto XVI les levantara la excomunión en 2009, no han dado ni una sola muestra de comunión con la Iglesia, ni una sola muestra de haber querido buscar una solución canónica a su situación. Se han mantenido pertinaces en su denuncia de la apostasía de Roma, de su negativa al CVII, y a todas aquellas cosas que no les gustan de la actual dogmática eclesial. Solo desde la soberbia puede entenderse la actitud del que piensa: "todos están equivocados menos yo".
Por otra parte, es imposible negar que ellos se han mantenido fieles a su propósito y Dios les ha correspondido con un aumento de fieles y de vocaciones religiosas y sacerdotales. Aunque el veneno de la sospecha a los que no son ellos está más que inoculado, instalado y haciendo efecto. Ellos piden de nosotros una interpretación benevolente de su acto cismático, mientras que niegan o interpretan malévolamente a los sacerdotes que celebran el Novus Ordo, como recientemente les ha recordado el P. Francisco José Delgado en su artículo en Infocatólica "profesión de fe y ley del embudo" de muy recomendable lectura:
"no se puede sorber y soplar, ni usar la ley del embudo: si te niegas a interpretar lo que la Iglesia enseña de acuerdo con la Tradición y buscas siempre la peor interpretación posible cuando se habla de conceptos como «ecumenismo» o «colegialidad», ahora no puedes quejarte de que se te haga lo mismo".
2. Roma
Por su parte, la respuesta de la Santa Sede no se ha hecho esperar. Como era del todo previsible, al día siguiente, muy de mañana, se publicaba el decreto confirmando la excomunión latae sententiae para el obispo consagrante y el co-consagrante, así como los cuatro jóvenes obispos consagrados, y advirtiendo a los fieles que pudieran unírseles:
Por lo tanto, declaro a todos los efectos legales que tanto el mencionado obispo Alfonso de Galarreta como Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier han incurrido ipso facto en la excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica. Declaro además que el obispo Bernard Fellay, habiendo participado directamente en la celebración litúrgica como co-consagrante, adhiriéndose así públicamente al acto cismático, ha incurrido en la excomunión latae sententiae prevista en el canon 1364 § 1 CIC 2021. Se advierte a los clérigos y fieles laicos que no se adhieran al cisma de la Sociedad Sacerdotal de San Pío X, porque incurrirían ipso facto en la pena de excomunión latae sententiae.
Unida a este decreto se adjuntaba una nota explicativa, aun peor que el decreto de excomunión dado que, en lugar de ser un documento que explique e interprete restrictivamente el decreto excomulgatorio, se presenta como un suplemento de excomunión de alcance para clérigos, miembros de la FSSPX y – como dicen en mi pueblo – a todo el que pasaba por allí.
No contentos con este despropósito excomulgatorio, en ese cinismo al que nos tiene acostumbrados decía: “La Iglesia, como madre amorosa, acogerá con sincero afecto y profunda preocupación a todos aquellos que deseen regresar a la plena comunión”. Y ¿qué habían de preparar para facilitarlo? ¿Una nueva Ecclesia Dei? ¿Una comisión de diálogo? ¿Un Ordinariato? No. Una ficha adhesión formal a la Iglesia católica, como si el bautismo no valiera.
Sólo son capaces de ofrecer esto. No les importa si los clérigos o laicos que deseen abandonar la FSSPX tendrán fácil o difícil poder seguir celebrando la fe según el usus antiquior o no. Todo apunta a que la generosidad de aquel Benedicto XVI esta muy lejos de ser emulada (ojalá tenga que desdecirme algún día). Porque si hemos llegado hasta aquí no es fácil saber el porqué.
Esta es la consecuencia mas patente del Motu proprio Traditionis Custodes. Un documento – como se ha demostrado – basado en una mentira, en unos datos ocultos de una encuesta en que la mayoría de los obispos que se pronunciaron, lo hicieron en un tono positivo y favorable.
Sin embargo, lo grave no es la respuesta de la Santa Sede ante el desafío lefevbriano, sino la fuerza moral que nos quita cuando el pasado día 13 de junio estaba el cardenal Radcliff y otros obispos y presbíteros celebrando una misa de acción de gracias por 50 años de “amistad, unión y compromiso en la búsqueda de la justicia” de Julian Filochowski y Martin Pendergast, por lo visto dos activistas católicos homosexuales que conviven como pareja desde 1976 y que formalizaron su unión civil en 2006. Pero para estos sacrílegos no hay excomunión ni adhesión formal.
Tenemos el camino sinodal alemán que es el verdadero cáncer con metástasis que aqueja a la Iglesia en este momento y cuyas posturas son claramente contrarias a la fe y a la disciplina eclesial hasta el punto de desafiar osadamente a la Sede Apostólica cuando les niegan el si a sus estrambóticas peticiones. Pero para ellos no hay excomunión ni adhesión formal.
Lamentablemente se ha vuelto a poner en valor la doble vara de medir de la Iglesia: palos para unos, caricias para otros. Y mientras tanto los datos de la Iglesia en Europa y en América nos acusan y denuncian.