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La Conferencia Episcopal alerta a los católicos que "expresen una renovada preocupación" y reclama una respuesta basada en los cuidados paliativos y el acompañamiento a los más vulnerables
19/06/26
Diez años después de la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido en Canadá, los obispos católicos del país han lanzado un contundente llamamiento a la sociedad para que reconsidere el rumbo adoptado por la legislación y refuerce la protección de las personas más vulnerables.
- Crecimiento de personas que piden la eutanasia
- Apoyo a quienes padecen enfermedades graves
- Administración directa de una sustancia letal
- Ampliación de criterios para pedir la eutanasia
- Las muertes por eutanasia representan el 5,1% de los fallecimientos
- Sin prolongar artificialmente la vida
Coincidiendo con el décimo aniversario de la entrada en vigor de la ley federal C-14, la Conferencia Canadiense de Obispos Católicos ha expresado su preocupación por la expansión de la denominada Asistencia Médica para Morir (MAiD, por sus siglas en inglés) y ha pedido a los fieles y a todas las personas de buena voluntad que renueven su oposición a esta práctica.
Crecimiento de personas que piden la eutanasia
Según informa Angelus News, el Comité Permanente para la Familia y la Vida de la conferencia episcopal recordó que el 17 de junio de 2016 recibió la sanción real la ley que permitió el acceso legal a la eutanasia y al suicidio asistido en todo el país. Desde entonces, Canadá ha experimentado un crecimiento constante del número de personas que recurren a este procedimiento.
En una declaración publicada el pasado 10 de junio, los obispos afirmaron que rechazan “la complacencia con el statu quo sobre la eutanasia en Canadá” y subrayaron que la respuesta cristiana al sufrimiento no puede consistir en acelerar la muerte de quienes padecen enfermedades graves, discapacidades o situaciones de extrema vulnerabilidad.
Apoyo a quienes padecen enfermedades graves
“Formados por el Evangelio, estamos llamados a acercarnos a los que sufren: no a ignorarlos, trivializarlos ni abandonarlos en su dolor o desesperación, sino a acompañarlos con compasión, atención práctica y esperanza”, señalaron.
Los prelados insistieron en que la Iglesia debe seguir promoviendo iniciativas de apoyo a quienes viven con enfermedades físicas o mentales graves, a las personas con discapacidad y a quienes se encuentran al final de la vida. También destacaron la importancia de sostener a las familias y cuidadores que afrontan estas situaciones.
Administración directa de una sustancia letal
La legislación canadiense permite actualmente que los adultos que cumplan determinados requisitos soliciten la administración directa de una sustancia letal por parte de un profesional sanitario o reciban medicamentos para provocar ellos mismos su muerte.
Entre las condiciones exigidas figuran ser mayores de edad, tener capacidad mental para tomar decisiones, ser beneficiarios del sistema sanitario público canadiense y padecer una enfermedad o discapacidad grave e incurable que provoque un sufrimiento físico o psicológico considerado intolerable.
Ampliación de criterios para pedir la eutanasia
Uno de los aspectos que más inquieta a los obispos es la progresiva ampliación de los criterios de acceso a la eutanasia. Cuando la ley fue aprobada en 2016, solo podían acogerse a ella las personas cuya muerte fuera considerada “razonablemente previsible”. Sin embargo, una reforma legislativa aprobada en 2021 extendió la posibilidad a pacientes cuya muerte no se encuentra próxima, siempre que padezcan una condición considerada grave e irremediable.
Además, está previsto que, a partir del 17 de marzo de 2027, las personas cuya única condición médica sea una enfermedad mental puedan optar también a la asistencia médica para morir. Aunque esta ampliación ya ha sido aplazada en varias ocasiones, actualmente se tramita el proyecto de ley C-218, cuyo objetivo es impedir que la normativa se extienda a estos pacientes.
La conferencia episcopal considera que esta evolución supone un riesgo creciente. “Existe una grave preocupación con respecto a la continua ampliación de los criterios de elegibilidad para la MAiD, lo que pone en riesgo a un número cada vez mayor de canadienses”, advirtieron los obispos.
Las muertes por eutanasia representan el 5,1% de los fallecimientos
Para respaldar sus argumentos, citaron datos oficiales del Sexto Informe Anual sobre Asistencia Médica para Morir en Canadá correspondiente a 2024. Según estas cifras, las muertes por eutanasia representaron el 5,1% de todos los fallecimientos registrados ese año en el país, con un total de 16.499 casos. Asimismo, una actualización publicada en noviembre de 2025 elevó a 76.475 el número de muertes producidas mediante este procedimiento desde su legalización.
A la luz de estos datos, los obispos sostienen que Canadá cuenta actualmente con “el programa de eutanasia más grande y de más rápido crecimiento del mundo”.
Frente a esta realidad, la conferencia episcopal defendió una alternativa basada en los cuidados paliativos, el alivio del dolor y el acompañamiento humano. “La verdadera compasión no responde al sufrimiento con la muerte, sino que acompaña a quienes sufren con esperanza, presencia, cuidados paliativos y alivio del dolor”, afirmaron.
Sin prolongar artificialmente la vida
Los prelados recordaron también que la tradición católica promueve tratamientos proporcionados que respeten la dignidad de la persona sin prolongar artificialmente la vida ni acelerar intencionadamente la muerte.
La declaración concluye con un recuerdo especial para quienes han fallecido a causa de la MAiD y para sus familiares, muchos de los cuales continúan afrontando “dolor, confusión, arrepentimiento o preguntas sin respuesta”.
Asimismo, los obispos renovaron su llamamiento a construir una auténtica “comunidad sanadora”, capaz de acompañar a enfermos, ancianos, personas con discapacidad y a todos aquellos que sufren soledad, miedo o desesperanza.
Al agradecer la labor de diócesis, parroquias, profesionales sanitarios, familias y voluntarios que durante la última década han promovido alternativas a la eutanasia, los obispos concluyeron recordando que la defensa de la vida no se limita a una posición doctrinal, sino que se concreta cada día en gestos de cercanía y servicio hacia quienes más necesitan apoyo.