Tribunas

¿Qué hacemos con los mártires del siglo XX en España?

 

 

José Francisco Serrano Oceja


Beatificación de los 124 mártires de Jaén.

 

 

 

 

Todo lo que tiene que ver con la Segunda República y la Guerra Civil sigue produciendo abundante bibliografía. En las últimas semanas se está produciendo un curioso fenómeno de eclosión de publicaciones sobre los mártires de la persecución religiosa en la España del siglo XX, los que el profesor Javier Paredes denomina mártires de la Segunda República y de la Guerra Civil.

Es cierto que no hace mucho tuvimos la beatificación de los mártires de Jaén. Y que también hay no pocos procesos y actos de beatificación en cola. Si no mal recuerdo, está pendiente que se haga pública la fecha del primer gran proceso de Madrid. Después vendrán más diócesis.

Fernando Calvo González-Regueral, uno de los grandes historiadores de la Guerra Civil española, ha escrito un libro que puede servir para hacernos entender qué papel juega esta recuperación de la memoria de los mártires.

Del libro de Calvo González-Regueral, además del magnífico prólogo de Andrés Trapiello, destacaría su pretensión de equilibro, que no es incompatible con decir las verdades del barquero.

Pongo un ejemplo. Su defensa de, según no sólo él, la mejor historia que se ha escrito hasta ahora de la Guerra Civil, la de Burnett Bolloten, o su defensa también de la obra del recordado Ricardo de la Cierva.

En alguna página, muy de pasada, hace referencia a los mártires de ese período. No les dedica un capítulo específico. Sí lo hace al Valle de los Caídos (sic), con alguna propuesta interesante, pero sin querer meterse a fondo en las cuestiones que se han hecho últimamente polémicas.

Pero lo que más me interesa destacar de esta novedad editorial, que tiene algunas partes singularmente valiosas referidas a la literatura y el cine sobre la Guerra Civil, es, por un lado, la crítica que hace a la Ley de Memoria Democrática y, por otra, su propuesta de lo que según él hay que hacer con lo referido a la Guerra Civil desde el punto de vista histórico-social a partir de la pregunta metodológica inicial del libro: “¿Qué hacemos con la Guerra Civil?”.

Lo que me ha dado pie a pregúntame en voz alta: ¿Qué hacemos con los mártires de ese período?

Afirma Fernando Calvo que la memoria de ese tiempo habría que estructurarla en tres tiempos: Contar + Nombrar + Recordar.

Es cierto que sobre la Guerra Civil no se sabe aún el número exacto de muertos y por eso hay que contar. Contar a los efectos de los mártires significa seguir aplicando los métodos de investigación para hacer un catálogo lo más preciso posible de quienes son susceptibles de llevar adelante su proceso de martirio.

Este trabajo habría que hacerlo para poder dar nombre, es decir, para poner en valor, desde el punto de vista también pedagógico, o educativo de la fe, a quienes dieron testimonio sublime de la soberanía de Dios en la historia.

Y por último recordar, como una exigencia de la comunidad, de la Iglesia. Recordar a los mártires, sus nombres, sus circunstancias, como aliciente de un horizonte que siempre ha estado presente y seguirá estando en la vida del cristiano.

Si hablamos hoy de los peligros de una experiencia de fe emotivista, el antídoto de esa posible desviación radica en el testimonio de los mártires, de quienes dieron su vida por Cristo y murieron perdonando a sus verdugos.

 

 

José Francisco Serrano Oceja