Tribunas

¿Ha escrito ya Bolaños a Argüello agradeciéndole la ILP?

 

 

José Francisco Serrano Oceja


El presidente de la CEE, Mons. Luis Argüello
con el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños.

Foto de archivo.

 

 

 

 

El otro día un amigo me hizo la siguiente pregunta: ¿Ha escrito ya Bolaños a Argüello agradeciéndole la ILP de regularización de inmigrantes? ¿O sólo va a escribirle cuando tiene que echarle algo en cara?

Está claro que el protagonismo que el presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, ha tenido a la hora de animar la ILP y de dar la bienvenida a la decisión gubernamental, con sus peros al contexto, no estaba hecho para que Bolaños, ni nadie del Gobierno, le diera las gracias, ni del diera una palmadita en la espalda.

La exposición pública de monseñor Argüello, que también se ha discutido internamente, procede de una decisión de conciencia sobre una cuestión que es, sin duda, debatida socialmente y que exigiría una política de Estado, un imposible metafísico en este momento de la historia de España.

Recordemos que cuando en su día al arzobispo de Valladolid se le ocurrió, con una lógica basada también en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia y en su conocimiento de la ciencia política y la naturaleza de la democracia, plantear la cuestión de unas nuevas elecciones, el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, le escribió una carta que parecía un cuaderno de quejas y agravios de aquellos de la Revolución Francesa. Estábamos a la altura del 20 de julio de 2025.

Cuando, por segunda vez en una entrevista a La Vanguardia, allá por mediados del mes de diciembre pasado, Argüello amplió lo dicho, de nuevo, Bolaños le escribió una segunda carta. Ya se ve que el triministro tiene la pluma fácil.

Que sepamos, ahora el presidente de la Conferencia Episcopal no ha recibido ninguna carta de Bolaños. En esta ocasión no para reprocharle sus palabras, y de paso intentar cuartar un poquito su libertad, sino para agradecerle el servicio prestado al bien común.

Porque en la conversación pública, en el ámbito de lo social común, Argüello, y algunos de los suyos, con más o menos gracia y acierto, han sido los únicos capaces de argumentar socialmente la razón de por qué esta regularización es un acto de justicia social.

Es una evidencia que, en esta materia, que no es sólo de Argüello sino del magisterio pontifico reciente, lo que dice la Iglesia está más cerca de lo que dicen formaciones políticas con las que en escasas ocasiones se coincide, por mucho que haya sectores eclesiales que aprovechen la oportunidad para dar visibilidad a esa coincidencia ante el mapa permanente y agudizado de las divergencias.

Ya entiendo que a Bolaños el coste que para la Iglesia ha tenido este posicionamiento público le da lo mismo. Incluso uno puede sospechar que el Gobierno, cuando tomó la decisión, ya contaba que le iba a servir a la Iglesia para que se escenificara una desafección interna, ya peligrosa, ente una parte no menor de sus fieles y cierta jerarquía.

Es indudable que los procesos de desafección acaban siendo siempre procesos de desunión y por tanto, utilizados por actores externos, formas de complicarle al otro la vida.

Algunas televisiones seguidoras de determinados medios impresos que le marcan el ritmo al Gobierno se han lanzado a escenificar en imágenes forzadas esas divisiones en la Iglesia. Jerarquía progresista, por una vez y sin que sirva de precedente, ahora sí y en esto por un lado y, por otro, sectores de clero ultra y de fieles de igual tónica.

Lo vivido, cuya estela aún no se ha difuminado, debe dar que pensar también sobre la formación de la conciencia social de la Iglesia en España, de los fieles. Me contaba un sacerdote joven que lo que le costó recordar a sus chavales que leyeran lo que el DOCAT, que están trabajando en las sesiones de formación, dice al respecto de los migrantes.

Una cuestión no menor de la que ya se ocupó Ángel Herrera Oria en su tiempo. No tengo dudas de cuál sería la opinión de Herrera Oria sobre lo dicho por Argüello en estos días.

Sirvan estas palabras de don Ángel como ejemplo:

“La quiebra más honda del catolicismo español es la deficiente formación de la conciencia social, defecto que viene de antiguo... En las clases conservadoras, patronales o propietarias, no penetró a su tiempo la doctrina pontificia. No faltaron figuras beneméritas desde finales del siglo pasado que trataron de formar una conciencia nueva. Pero aquellas clases españolas no sólo no facilitaron la evolución, sino que opusieron una resistencia cerrada a la misma. En parte, por egoísmo; en parte, por su misma ignorancia [...]

En los últimos veinte años mucho ha mejorado la conciencia patronal y burguesa en el precepto de la caridad cristiana. No así en el orden de la justicia social. El grupo de patronos y propietarios, que cree practicarla, no ha pasado del paternalismo…”.

 

 

José Francisco Serrano Oceja