La protección de nuestros datos
09/01/2026 | por Grupo Areópago
El 28 de enero se celebra el Día Europeo de la Protección de Datos, una jornada para concienciarnos sobre la importancia de salvaguardar nuestra información personal en un mundo cada vez más digitalizado.
Aunque el artículo 18.4 de la Constitución Española reconoce la protección de datos como un derecho fundamental, la realidad nos demuestra que, en ocasiones, los ciudadanos percibimos que este derecho se ve vulnerado. Esta sensación de desprotección se ha intensificado con el uso creciente de la tecnología y las redes sociales, donde nuestra información es utilizada por empresas con las que no siempre existe una relación directa, y sin que esté claro si la persona ha otorgado su consentimiento.
Ante esta realidad, surge una pregunta clave: ¿Dónde están los límites en el uso de los datos personales en el contexto de las nuevas tecnologías? Cuidar nuestra información es un objetivo prioritario de las políticas de empresas e instituciones públicas; por ello, se solicita la autorización de cláusulas o la firma de documentos que buscan garantizar que el tratamiento de los datos sea conforme a la ley vigente.
Actualmente, la seguridad de nuestra privacidad enfrenta amenazas continuas, especialmente con el impacto de la Inteligencia Artificial. El riesgo y la desprotección aumentan, dado que cada vez es más difícil distinguir la información verdadera de la falsa, además de saber que nuestros datos circulan por entornos digitales poco seguros. Para reforzar esta protección, se han aprobado normas jurídicas fundamentales como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de la Unión Europea, la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales (LOPDGDD) y la reciente Ley de IA de la UE. Estas leyes pretenden regular y garantizar la seguridad digital de los ciudadanos.
Sin embargo, a pesar de la normativa y de la figura del Delegado de Protección de Datos en la mayoría de las entidades, el ciudadano sigue sintiendo incertidumbre. Por esto, la tecnología debe trabajar en favor del bien común y garantizar que la privacidad sea protegida de manera real y efectiva.
Es cierto que hoy somos más conscientes del valor de nuestra privacidad, pero este derecho no es solo una cuestión legal; es, ante todo, una cuestión ética. Con él se garantiza nuestra dignidad y nuestra libertad como personas. Proteger la información que compartimos —o la que deseamos mantener en privado— es proteger nuestra propia identidad. Esta tarea no recae únicamente en los responsables del tratamiento de datos o en los organismos públicos; es una responsabilidad y un compromiso compartido en la era digital en la que vivimos.
GRUPO AREÓPAGO