La Paz de la Navidad en el mundo actual
02/01/2026 | por Grupo Areópago
Hacer hoy una reflexión sobre la paz, y hacerlo en plenas fiestas navideñas con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, exige en primer lugar un ejercicio de memoria colectiva sobre los graves acontecimientos de violencia y guerras que han bañado de sangre, lágrimas y ruina nuestra historia contemporánea. Hoy no podemos olvidar las dos grandes guerras mundiales con episodios crueles y atroces para el ser humano como los que se vivieron en los campos de exterminio nazis o los “gulags” soviéticos. Episodios que han tenido su continuidad en Vietnam, África Central, los Balcanes, Chechenia, Afganistán, Irak y un largo etcétera; y actualmente significados y normalizados en la guerra de Ucrania y en la Franja de Gaza.
Y exige en segundo lugar, un ejercicio de discernimiento para ayudarnos a comprender tales episodios y activar senderos de paz en este mundo nuestro que olvida pronto, roto y asolado por las guerras, la violencia de todo género y la polarización. Discernimiento por realizar desde una cultura de los derechos humanos que nos ayude a analizar las causas de estos horribles acontecimientos. ¿Por qué tanto sufrimiento en un momento histórico donde la ciencia ha logrado avances tan impensables para paliar el dolor? ¿Por qué las crueldades y violencias de los seres humanos han causado y están causando tanto dolor en un mundo al que la modernidad ilustrada prometió progreso, bienestar y transformación de la realidad si se abandonaban ciertas creencias religiosas y el hombre se dejaba llevar por la sola razón? Muchas personas ante estos momentos oscuros de nuestra historia han hablado del silencio de Dios sin caer en la cuenta de que es el hombre actual quien lo ha convertido en un “extraño en nuestra casa” (Lluis Duch, 2007). Y consecuentemente ha adulterado o edulcorado todo el sentido de la Navidad y su mensaje de paz. La sociedad actual ha olvidado la Paz de la Navidad.
Ha olvidado que la Paz de la Navidad es anuncio gozoso para la gente humilde y sencilla -como lo fue en aquella primera Navidad para los pastores de Belén-. Anuncio salvífico de un Dios que libera desde una llamada a la paz. Que no era la “pax romana” impuesta por los poderosos, sino una paz que habla de justicia, de superar las desigualdades y exclusiones: una paz que nace del Amor y del corazón. San Pablo VI lo puso nombre, “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”. No hay paz que pueda convivir con la desigualdad, el atraso, la discriminación o la injusticia. No hay paz sin justicia, pero tampoco justicia sin paz.
La sociedad actual ha olvidado también que la Paz de la Navidad es la paz de los hombres que buscan las huellas de Dios en los acontecimientos del mundo, como lo hicieron los Magos de Oriente. El hombre actual vive distraído en adorar a múltiples diosecillos que le ocultan el verdadero sentido del anuncio de la Navidad: “Encontraréis un niño envuelto en pañales…” ¡Que difícil es hoy descifrar este mensaje que nos habla de cuidados y de vulnerabilidad -y por tanto de búsqueda de la paz- en una cultura donde triunfa el individualismo autorreferencial y egoísta!
En fin, la Paz de la Navidad entre otras muchas cosas es una paz encarnada, y por tanto don y tarea para el hombre. El “shalom” bíblico es ciertamente un don, pero también una misión, un trabajo que no ha de quedar solo en lenguajes pacifistas, sino en exigencias concretas a favor del desarme, equilibrado y controlado -el aumento de las armas siempre supone un riesgo para la paz-; y en el desarrollo de una cultura que valore el perdón y la reconciliación como medios fundamentales para superar la espiral de odio y violencia que se ha instalado en este mundo nuestro tan polarizado,
“Bienaventurados-nos señaló el Divino Maestro- los que trabajan por la paz” (Mateo 5,9)
GRUPO AREÓPAGO