Colaboraciones
Valorar al comunismo
24 julio, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez
Si no existe nada que permanezca, la convicción elemental que hay verdad y hay error, de que el sí es sí y el no es no; de que para ser fiel al propio pensamiento no se puede afirmar mañana lo contrario de lo que se afirma hoy sin reconocer que nos hemos equivocado, son dos convicciones que en la lógica marxista no tienen sentido porque, para Marx, como dice con toda razón Daujat en un corto y penetrante ensayo, «no existe ninguna verdad que merezca un sí o un no, que dé sentido a una afirmación, sino que sí o no, afirmar y negar, se llaman y se confunden en la contradicción inicial del cambio; la evolución niega mañana lo que se afirma hoy, la contradicción sola es reina y no hay verdad que afirmar».
Subordinado el hombre a la acción, el comunismo sería incongruente consigo mismo si aceptara una moralidad apoyada en la dignidad del hombre. La moralidad comunista tiene también su fundamento en la acción transformadora, en la lucha revolucionaria. Las exigencias de la acción revolucionaria, que viene a ser lo mismo, constituyen la base de la moral comunista. Por esto escribía Lenin: «Nuestra moralidad está enteramente subordinada a los intereses de la lucha de clases… Es necesario estar dispuesto a usar de todas las estratagemas, astucias, ilegalidades».
Aparece claro que cuando los comunistas cambian sin cesar y dicen un día lo contrario de lo que afirmaron en tiempos anteriores no son hipócritas ni se contradicen. Son fieles a las exigencias del marxismo y no serían marxistas actuando de otra forma. Engels afirma que «esta filosofía dialéctica no admite ninguna noción de verdad absoluta y definitiva ni las condiciones humanas absolutas que le corresponden. No hay nada absoluto, definitivo, sagrado ante ella. Nos muestra la caducidad de todas las cosas y solo existe para ella el proceso ininterrumpido del devenir y de lo transitorio».
Para valorar al comunismo no basta aplicar las leyes de nuestra lógica, las normas de la moral objetiva ni las razones tácticas que aconsejen determinadas situaciones. La actitud frente al comunismo depende simplemente de que uno acepte o no acepte el hecho de que nuestro pensamiento existe en función de la verdad y nuestra voluntad ha de someterse al bien; de que el punto de apoyo previo para la convivencia y la colaboración de los hombres es aceptar la convicción de que sí debe ser sí y el no debe ser no, con sus sentidos propios, no intercambiables. Porque estas son las reglas fundamentales del juego cuando los hombres juegan a entenderse. La cuestión está en decidir si uno puede o no puede jugar con quien tiene otras reglas de juego.