Colaboraciones
La laicidad
24 junio, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez
La laicidad (la autonomía de la esfera civil y política en relación con la religiosa y eclesiástica, no con la esfera moral) es reconocida por la Iglesia y pertenece al patrimonio de la civilización ya logrado. No se deben confundir ambas esferas. Juan Pablo II afirma que identificar la ley religiosa con la sociedad civil puede ahogar la libertad religiosa e incluso limitar o negar otros derechos humanos inalienables. Los actos específicamente religiosos quedan fuera de la competencia del Estado. El reconocimiento de los derechos civiles y políticos y la administración de los servicios públicos no pueden ser condicionados por convicciones o prestaciones de naturaleza religiosa de parte de los ciudadanos.
Los ciudadanos católicos tienen el derecho/deber, como todo el mundo, de buscar sinceramente la verdad y de defender las verdades morales sociales. Que también las enseñe la Iglesia no reduce la legitimidad civil y la «laicidad» del compromiso de quien se identifica con ella, independientemente del papel que la búsqueda racional y la confirmación de la fe hayan tenido en su adquisición. La laicidad es la actitud de aquel que respeta las verdades que brotan del conocimiento natural sobre el hombre que vive en sociedad. Autonomía no equivale a prescindir de la enseñanza moral y social de la Iglesia.