Colaboraciones
San Agustín y la Navidad
30 diciembre, 2025 | Javier Úbeda Ibáñez
San Agustín y la Navidad
San Agustín parece afectado por la fijación de la fiesta de Navidad, hasta el punto de que en ella vea únicamente un aniversario, aunque se tratará para él de una memoria muy especial: «Porque este día, escribe, fue fijado por el Creador mismo para su venida. Hijo de su Padre, él dispone de la marcha de los días; hijo de su madre, al nacer, consagra un día particular, este en que nos encontramos» (Homiliario Patrístico, París, 1949, Sermón 195, p. 63). No obstante, para él no es más que una memoria; nosotros estaríamos tentados de decir: indudablemente, no recuerdo folklórico, sino el recuerdo de un gran momento, de un gran giro de la historia del mundo y de nuestra historia, al que con gusto dedicaríamos un folklore...
Si san Agustín ve la Navidad como una simple memoria, es porque para él existen celebraciones que son sacramenta. Lo explica en dos cartas. Un laico, Ianuarius, le había planteado hacia el 400 una serie de cuestiones sobre la liturgia. La respuesta en dos cartas, una bastante breve y otra, que constituye una especie de pequeño tratado (Carta 55), nos entrega todo el espíritu de san Agustín y su teología de la liturgia. En su carta 54 explica que en la nueva sociedad que el Señor ha fundado, ha dejado «un pequeño número de sacramenta, fáciles de cumplir y de significado verdaderamente admirable» (Carta 54). En esta respuesta hallamos un empleo muy amplio del término sacramenta. Según san Agustín son un pequeño número y de una gran sencillez. Todos los signos portadores de salvación, por variados que sean, aun cuando sobrepasen lo que para nosotros será el septenario sacramental, son para Agustín sacramenta. El Bautismo, la Eucaristía, pero también la celebración de la Pascua, son para él sacramenta. Agustín no atribuye, pues, únicamente a los siete sacramentos la represencia de los misterios de la salvación. La celebración litúrgica, cualquiera que sea, con nuestro concurso, produce también una represencia del misterio celebrado. Tal será la enseñanza del Vaticano II en la Constitución sobre la Liturgia (Sacrosanctum Concilium, nº 7).
«Pascua es un sacramento, porque no sólo hacemos memoria de lo que Cristo hizo por nosotros —su muerte y resurrección—, sino porque tal celebración nos presenta en signo la realidad sagrada de esa muerte y esa resurrección, y ese signo nos hace recibir realmente esta realidad sagrada, prenda de nuestro propio paso de la muerte a la vida. Celebración que reposa sobre un signo sagrado, pero que nos arrastra a través de ese signo y mediante él, a la realidad significada. Todo signo representativo de ese paso de la muerte a la vida, de nuestro propio paso, es un signo sagrado, y toda celebración que emplea este género de signo es un sacramento» (san Agustín, Carta 55).
Por eso, san Agustín concluye que «Navidad no puede ser sino una simple memoria, no un sacramento. Porque si la celebración de la Pascua comporta este carácter de sacramento es porque es signo de la muerte y de la resurrección, realidades de nuestra salvación expresadas mediante la solemnidad pascual, a través de la iniciación bautismal y de la liturgia eucarística. Pero la festividad de Navidad no puede aspirar a esa calidad de signo: es simple evocación, memoria, aniversario; en ella se recuerda únicamente el hecho del nacimiento» (san Agustín, Carta 55).
Según Google:
La Navidad no es un sacramento en el sentido teológico, ya que los sacramentos son ritos sagrados instituidos por Cristo que confieren gracia (como el Bautismo o la Eucaristía), mientras que la Navidad es una festividad (una conmemoración anual del nacimiento de Jesús) de gran importancia doctrinal y cultural, que recuerda la Encarnación de Dios, pero no es un sacramento en sí mismo, aunque sí es un tiempo de reflexión espiritual y renovación de la fe.
Diferencias Clave:
- Sacramento: un signo visible y eficaz de la gracia invisible, instituido por Jesucristo, que otorga gracia por sí mismo (ex opere operato).
- Navidad: una fiesta litúrgica y cultural que celebra un evento histórico-teológico (el nacimiento de Jesús) y sus significados profundos, como el amor de Dios hecho hombre y la esperanza de la redención.
La Navidad:
- Tiene un profundo significado espiritual: es un recordatorio de la presencia de Dios entre nosotros (Dios hecho hombre), lo cual es central en la fe cristiana.
- Genera una experiencia de «renacimiento»: al igual que los sacramentos buscan un nuevo nacimiento espiritual, la Navidad invita a la renovación personal, el perdón y el cambio de vida.
- Es un evento «instituido» culturalmente: se ha convertido en una tradición universalmente celebrada, con rituales propios (pesebre, villancicos) que, aunque no son sacramentales, son expresiones de fe y cultura.
En resumen, la Navidad es una fiesta fundamental para recordar el evento central de la Encarnación, pero no posee el carácter de sacramento, siendo más bien una celebración que refleja (reflexión) los misterios que los sacramentos nos dan a vivir.