Colaboraciones
El término verdad. La verdad en sus tipos. Obstáculos en la búsqueda de la verdad
19 noviembre, 2025 | Javier Úbeda Ibáñez
El término verdad
El término verdad se le suele colocar al lado de otros términos sinónimos: autenticidad, coherencia, honestidad, sinceridad, integridad, transparencia, hombre de una sola pieza.
Y contrapuesto a verdad, tenemos: mentira, hipocresía, fariseísmo, doblez, engaño, duplicidad de vida, fachada, ocultamiento, ambivalencia, inescrúpulo.
Hombre veraz y auténtico es aquel que armoniza las palabras con los hechos.
La verdad en sus tipos
Definiremos la verdad en sus tipos:
1. Verdad del ser: ser aquello que uno es, que uno debe ser. Hay verdad del ser cuando yo me comporto como persona inteligente, libre y responsable. Vivo en la verdad de mi ser cuando sé y me comporto con lo que me exige mi origen, mi fin como persona humana, cuando tengo trascendencia y sentido. Cuando uno vive la verdad de su ser vive realizado, feliz, digno y se eleva sobre todo el universo material y animal. Lo contrario a la verdad del ser es la inautenticidad.
2. Verdad del pensar: mi mente está hecha para percibir el ser de las cosas. Cuando mi mente coincide que la verdad de las cosas vivo en la verdad del pensar. Mi mente tiene que respetar la verdad de las cosas: la verdad del trabajo, del dinero, de la sexualidad, del matrimonio, del estudio, de la carrera... ¡Cuánta formación necesitamos para descubrir la verdad de las cosas, y pensar así con veracidad de ellas! Lo contrario a la verdad del pensar es el error, que puede ser consciente o inconsciente, voluntario o involuntario.
3. Verdad del hablar: decir lo que mi mente sabe que es verdad, y que lo ha descubierto así, después del estudio, la formación. Mis palabras deben ser vehículo leal de lo que pensamos. Por medio de la palabra hacemos partícipes a los demás de lo que llevamos dentro. La palabra es puente que hace transparente a los demás el corazón y la intimidad de la persona. Lo contrario a la verdad del hablar es la mentira.
4. Verdad del obrar: es la verdad del comportamiento y de la vida. Vivir como se cree, coherencia de vida entre lo que se cree, lo que se predica y lo que se vive. Si vivo esta verdad, seré sincero y cumplidor a mi palabra dada, seré leal y fiel a mis compromisos asumidos, seré equitativo y justo con los demás. Lo contrario a la verdad del obrar es la incoherencia, el fariseísmo, la hipocresía.
Urge formar la conciencia, para poder discernir entre lo bueno y lo malo, la verdad de la mentira, pues sólo la conciencia debe ser el faro único que guíe nuestros pasos en la oscuridad.
Pero hay peligros de deformar la conciencia. Y cuando esto pasa, es muy difícil escuchar esos imperativos de ley natural, y es muy difícil vivir en la verdad y decir la verdad.
La Sagrada Escritura está llena de advertencias sobre este mandamiento. Se llega incluso a identificar a Dios con la verdad y al demonio con la mentira. Cristo vino a dar testimonio de la verdad. Es más, Él se autodefinió como el Camino, la Verdad y la Vida. Se puede consultar en el evangelio de san Juan, capítulo 14, versículo 6.
Tenemos que agradecer a Dios que nos haya dado este octavo mandamiento.
Vale para todos este mandamiento, pero están especialmente obligados a vivirlo a fondo quienes están al servicio de los medios de comunicación social, o trabajan en el campo político, o son oradores o gobernantes o candidatos que se postulan para ser presidentes de una nación. ¡No hay que mentir!
¡Cuántas veces escuchamos discursos de presidentes que después han sido puras mentiras, o verdades a medias! ¡Cuántos nos manipulan desde la radio y la televisión!
«¡No mentirás!», nos dice Dios.
Si somos de Cristo, y Cristo es la Verdad… andemos en la verdad.
La verdad no tiene hoy carta de ciudadanía en todas partes del planeta, no la han dejado entrar y salir libremente, la tienen maniatada, vendada, amordazada. ¿Por qué? No se quiere encontrar hoy con la verdad, pues «la verdad, aunque no peca, incomoda».
La veracidad es una virtud muy necesaria para el mundo de hoy, pero además es la virtud de la estabilidad psicológica. El hombre es el único ser en la tierra capaz de conocer la verdad y de transmitirla y, al mismo tiempo, es el único capaz de mentir. Esto se debe a su inteligencia y a su capacidad para comunicar pensamientos y afectos.
Jesucristo se denomina a sí mismo «La Verdad» (Juan 14,16). No dice que es la pureza o la bondad, ni la fe, ni la esperanza. Y su misión se resume en dar testimonio de la verdad (Juan 17, 37). Su vida es idénticamente igual a su mensaje. Por eso, podemos decir, ser fiel a Cristo es ser fiel a la verdad, respetarla, propagarla, defenderla, asimilarla.
Y el Espíritu Santo es el Espíritu de la verdad, y el que nos descubre la verdad del hombre y de Dios, la verdad de nosotros mismos. Es el que nos enseña a apreciar en su justo valor las realidades de este mundo, su fugacidad, el valor de la vida ante la eternidad. El Espíritu Santo guía hacia la verdad, a quien lo escucha y pone en práctica sus inspiraciones.
Tener una conciencia recta y bien formada es la exigencia para vivir en la verdad, decir la verdad, hacer la verdad en la vida.
Obstáculos en la búsqueda de la verdad
El escepticismo radical moderno, que afirma que la verdad no existe, o que, si existe, el hombre es incapaz de conocerla;
el relativismo: se refiere tanto al conocimiento como a la moral. Es la tesis que niega la existencia de verdades absolutas, universales y necesarias: todas las verdades dependen de diversas condiciones y circunstancias que las hacen particulares y cambiantes. El relativismo niega la posibilidad de establecer verdades objetivas. Ya en el campo moral, el relativismo afirma que no hay nada de lo que podamos decir que sea bueno o malo absolutamente. Hoy cunde la dictadura del relativismo, nos dijo el Papa Benedicto XVI, al inicio de su pontificado;
el utilitarismo o pragmatismo: dice que es verdad «sólo lo que te sirva y te es práctico». Hace de la utilidad el valor principal;
el permisivismo: con su filosofía de «todo está permitido», al final es una bomba a la verdad de las cosas, a la verdad de la naturaleza. ¿El aborto, la unión de homosexuales es una verdad, porque está permitido por la ley civil?;
la manipulación social: en parlamentos, gobiernos y organismos internacionales o nacionales;
la falta de formación humanística y filosófica: también es un obstáculo para encontrar la verdad. La formación humanística busca el equilibrio de nuestras facultades humanas, la recta apreciación de las cosas, la capacidad de juicio, la madurez humana, la apertura a los valores estéticos, la formación de la inteligencia, etc. Y la filosofía nos lleva a conocer las causas últimas de las cosas; nos lleva a descubrir la verdad total de las cosas;
el subjetivismo: dice que la verdad no es objetiva, sino subjetiva, y que cada persona puede determinar por sí misma lo que es verdadero o no. Suele ser el defecto de los hombres prácticos, como Pilatos, que consideran como una especulación inútil la búsqueda de la verdad objetiva. El subjetivismo viene a ser una forma de escepticismo y de relativismo. Afecta a los juicios de valor y a los criterios que guían la conducta personal;
el encerramiento: hay personas que se encierran en sus ideas, en sus posiciones y creen que sólo ellos tienen toda la razón y toda la verdad. Pero es una postura errada, porque nunca están dispuestos a abrirse a la verdad completa y objetiva;
el hábito de la mentira: es el mayor obstáculo en la búsqueda de la verdad. Ese decir lo contrario de lo que se piensa con intención de engañar. La mentira hace mal sobre todo a quien la dice. Con la mentira se bloquea el desarrollo de la personalidad;
la vanidad: pone en jaque la verdad de uno mismo, porque nos hace mostrarnos como en realidad no somos. Nos lleva a ser exaltados por encima de nuestra estatura humana y moral.
Terminamos con un párrafo sobre la verdad, dicho por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, luego Papa Benedicto XVI, que hizo de la verdad su lema episcopal, «Cooperador de la verdad»:
Llegué a comprender y a percibir con claridad que renunciar a la verdad no sólo no solucionaba nada, sino que además se corría el peligro de acabar en una dictadura de la voluntad. Porque lo que queda después de suprimir la verdad sólo es simple decisión nuestra y, por tanto, arbitrario. Si el hombre no reconoce la verdad, se degrada; si las cosas sólo son resultado de una decisión, particular o colectiva, el hombre se envilece. De este modo comprendí la importancia que tenía que el concepto de verdad —con las obligaciones y exigencias que, indudablemente, conlleva— no desapareciera y fuera para nosotros una de las categorías más importantes. La verdad tiene que ser como un requisito que no nos otorga derechos, sino que —por el contrario— requiere humildad y obediencia, y, además, nos conduce a un camino colectivo…