Colaboraciones

 

San Pío X y su encíclica Acerbo nimis

 

 

 

08 noviembre, 2025 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

El «programa pontificio» de san Pío X no buscaba ser otro que el del Buen Pastor: empeñado seriamente en alimentar, guiar y custodiar al humano rebaño que el Señor le encomendaba, así como buscar a las ovejas perdidas para atraerlas hacia el redil de Cristo.

El «Papa de la Eucaristía». Su gran amor a la Eucaristía y la conciencia del valor de la Presencia Real del Señor Jesús en el Santísimo Sacramento le llevaron a permitir la comunión diaria a todos los fieles, así como a cambiar la costumbre de la primera comunión: en adelante los niños podría recibir el Santísimo Sacramento cuando tuviesen ya uso de razón, a partir de los 7 años.

Santa María estaba muy presente en el corazón de este Santo Papa: le gustaba llevar entre manos el santo Rosario. Diariamente visitaba la gruta de Lourdes, en los jardines vaticanos. Interrumpía cualquier conversación para invitar a sus interlocutores al rezo del Ángelus.

Como preparación inmediata para el acontecimiento del 50 aniversario de la proclamación de la Inmaculada Concepción publicó su encíclica Ad diem illum.

S.S. Pío X fue elevado a los altares el 29 de mayo de 1954.

San Pío X, nacido en una familia pobre, humilde y numerosa, Giuseppe Melchiorre Sarto vino al mundo el 2 de junio de 1835 en Riese, Italia. Publicó, en 1905, la encíclica Acerbo nimis, que puede considerarse como el primer gran documento sistemático sobre la catequesis y la formación religiosa de los cristianos en general. Aborda, de forma muy completa, desde el punto de vista teológico, jurídico y pastoral, el problema catequístico. Se puede decir que establece el primado de la catequesis entre las diversas formas de apostolado. Después de constatar la difusa ignorancia religiosa y hablar de la importancia, necesidad y deber de la enseñanza catequística, da unas normas muy concretas de actuación: catequesis parroquial a los niños; preparación anual para la confesión y la confirmación; preparación para la primera comunión; constitución de la Congregación de la doctrina cristiana; instrucción doctrinal dominical a los adultos; etc. La encíclica, muy bien acogida en todo el mundo, supuso sin duda un impulso notable para la gran tarea de la educación en la fe.