Colaboraciones

 

Antropología racional y la revelada

 

 

21 marzo, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

Los deberes que constituyen el contenido de la bioética se apoyan en qué cosa sea el hombre. La antropología es el fundamento de la bioética. Una antropología verdadera es requisito para fundar una bioética correcta. Uno de los peligros de la bioética es tratar de fundamentarla sobre otras bases, como puede ser el puro consenso social. A este peligro se refería san Juan Pablo II en su discurso a políticos y pensadores europeos, reunidos con ocasión del 50º Aniversario de la Convención Europea de los Derechos del Hombre: "Es un buen momento para reconocer claramente los problemas que deben ser tratados… Uno fundamental entre ellos es la tendencia a separar los derechos humanos de su fundamentación antropológica, esto es, de la visión de la persona humana que es nativa a la cultura europea". La alternativa es apoyarlos en el puro consenso, sin más base. Ello equivale a hacerlos depender de su aceptación social o política, lo que contradice el mismo concepto de derechos humanos, y los pone en peligro de sufrir recortes, modificaciones e incluso supresiones en algunos casos. Así lo expresaba el Papa en la ocasión citada: "En el corazón de nuestra común herencia europea —religiosa, cultural y jurídica— está la noción de la inviolable dignidad de la persona humana, que implica derechos inalienables conferidos no por gobiernos o instituciones sino por el mismo Creador, a cuya imagen han sido hechos los seres humanos". Una consecuencia práctica lamentada por el Papa es el hecho de que mientras el Consejo de Europa ha logrado felizmente eliminar casi totalmente la pena de muerte en nuestro continente, sin embargo, la vida humana en el seno materno no está debidamente protegida por las leyes. "Esta radical contradicción —concluye san Juan Pablo II— solo es posible cuando la libertad se aparta de la verdad inherente a la realidad de las cosas, y la democracia se divorcia de los valores trascendentes".