Colaboraciones

 

Estado aconfesional y enseñanza religiosa

 

 

12 marzo, 2020 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

Que el Estado sea no confesional no quiere decir que esté contra cualquier clase de confesión religiosa, sino que el Estado no tiene una confesionalidad religiosa propia y única a la que acudiera en su acción de gobierno.

Se define como aconfesional para poder garantizar la libertad de todos los ciudadanos. Toda confesión religiosa con acuerdo o convenio con España (como son el caso de la Iglesia católica, acuerdos de 3 de enero de 1979; de las comunidades musulmanas, ley 26/1992, de 10 de noviembre; judías, ley 25/1992, de 10 de noviembre o las iglesias evangélicas, ley 24/1992, de 10 de noviembre), puede hacer presente su propia manera de entender la formación religiosa y moral de los alumnos en el ámbito de la escuela pública.

La exclusión de la enseñanza religiosa de la escuela pública vulneraría la libertad religiosa (Const. Esp., art. 16), el derecho de los padres en la formación de sus hijos (Const. Esp., art. 27.3) y la formación misma de los alumnos (Constitución Española, art. 27.1), cuyas capacidades espirituales y transcendentes quedarían mermadas, si no cercenadas radicalmente. La Constitución española quedaría violada en los artículos fundamentales.

“Con frecuencia se invoca el principio de laicidad, en sí legítimo si se concibe como distinción entre la comunidad política y las religiones. Pero distinción no significa ignorancia. La laicidad no es laicismo.

”Es el mero respeto de todas las creencias por parte del Estado que asegura el libre ejercicio de las actividades cultuales, espirituales, culturales y caritativas de las comunidades de creyentes. En una sociedad pluralista, la laicidad es un vínculo de comunicación entre las diferentes tradiciones espirituales y la nación. Un diálogo sano entre el Estado y las Iglesias puede indudablemente fomentar el desarrollo integral de la persona y la armonía de la sociedad(Gaudium et spes, n. 36).