Colaboraciones

 

Abortismo

 

27 noviembre, 2019)| Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

La legalización y promoción del aborto fue una creación del nazismo (1942), que retomó el comunismo bajo la imposición estalinista (1956), afirma el doctor Pablo López López, filósofo.

Hablar de “aborto” parece remitirnos a un mero hecho natural y a un ámbito meramente individual. Sin embargo, el aborto provocado y estratégicamente promovido es un fenómeno de una índole tan peculiar, que merece un sustantivo propio: “abortismo”.

El abortismo puede definirse como el sistema de promoción o de imposición del aborto provocado a gran escala social e internacional. Se sustenta en intereses político-ideológicos y comerciales, llegando a enraizarse en espiritualismos sectarios. Desarrolla un inmenso despliegue propagandístico y de manipulación radical de las conciencias y del lenguaje. Empieza por la despenalización del aborto en gran número de casos para después imponerlo: primero como derecho fundamental y luego como obligación. El resultado ha de ser que se penalice a los que se resistan a abortar o defiendan la vida.

El abortismo ideológico se camufla presentándose como el genuino feminismo defensor de la mujer, como exigencia de todo “progresismo” y como bienintencionada política para evitar “abortos inseguros”. Así, se escuda en el santo y seña de “salud reproductiva”.

¿Qué tiene de progresista una postura cuya propuesta consiste en matar seres humanos? Es necesario decirlo sin cortapisas. El abortismo es pieza fundamental de la cultura que desprecia la dignidad de los débiles e indefensos. En el aborto encontraremos muerte; nunca libertad y mucho menos justicia.

La nuez del abortismo no está en la libertad y la salud, sino en el desprecio profundo a la vida y la dignidad de las mujeres y los pequeños. Estamos a todas luces ante un falso progresismo. Como ha dicho el Papa Francisco, “no es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana”.

El abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna “progresía”. En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para estos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire.

El rechazo del aborto directo que busca la muerte del feto, su expulsión del seno materno, no es una cuestión de creencias religiosas, sino que es un principio fundamental de sentido común y de derecho natural porque nadie puede quitar la vida a un ser inocente indefenso. Esto es lo progresista y lo contrario es pura hipocresía propia de sepulcros blanqueados.

Estamos ante toda una estrategia mundial de dictadura sobre las conciencias y las vidas que apunta a un leviatánico Estado mundial envuelto en falsos mensajes de “paz” y valores biensonantes.