Colaboraciones

 

La idea de nación en Ernest Renan

 

 

25 octubre, 2019)| Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

Para Ernest Renan (1823-1892), la verdadera esencia de la nación emana de la soberanía popular y se sedimenta a lo largo de generaciones sobre la voluntad de convivencia en común.

Renan (pensador francés del siglo XIX) ya demandaba una futura Confederación de Europa para exorcizar el maleficio del nacionalismo romántico de moda, que terminaría alumbrando los peores fantasmas de la humanidad.

Una nación, según Renan, es un alma, un principio espiritual. Dos cosas que no forman sino una, a decir verdad, constituyen esta alma, este principio espiritual. Una está en el pasado, la otra en el presente. Una es la posesión en común de un rico legado de recuerdos; la otra es el consentimiento actual, el deseo de vivir juntos, la voluntad de continuar haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa. El hombre, señores, no se improvisa. La nación, como el individuo, es el resultado de un largo pasado de esfuerzos, de sacrificios y de desvelos. Una nación es una gran solidaridad, un sentimiento común, forjado por los sacrificios pasados y los que se están dispuestos a arrostrar en el futuro. La existencia de una nación es un plebiscito de todos los días, producto, a su vez, de un largo devenir histórico que hace difícil su cuestionamiento por los actores políticos coyunturales. La nación no se planifica, ni se improvisa.

Para Renan, Nación es la gente de un territorio que posee una cultura y un pasado común —Pueblo—; mientras Patria es el lugar en que se ha nacido o la tierra del padre.

Renan advertía que se confunde la raza con la nación y se atribuye a grupos etnográficos o lingüísticos, una soberanía análoga a la de los pueblos. Por el contrario, los Estados son el producto de una fusión de poblaciones; no existe la raza pura, las naciones de Europa son naciones de sangre mezclada.

Como señaló Karl Popper (1902-1994), son los pueblos o naciones los creados por los Estados.

La idea de Renan de la nación como un acto voluntarista, como un plebiscito todos los días, expresada en su ensayo ¿Qué es una Nación?, puede, en nuestra opinión, ser sostenida solamente gracias a la identidad que se logre con instituciones democráticas (Ernesto Renan, ¿Qué es una nación?, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1983). Pensamos que este puede ser uno de los pocos fundamentos permanentes que logre sostener un nacionalismo basado en el Jus Solis (fundamentaría la nacionalidad en el compartir un territorio común).

Popper, el filósofo de la ciencia más influyente del siglo XX, definirá al nacionalismo fundado en el mito como la terrible herejía de la civilización occidental.