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La obra de Paulo Coelho, una mezcla de cristianismo, esoterismo y ocultismo

 

 

22 octubre, 2019)| Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

Paulo Coelho brilla en el firmamento literario contemporáneo. Desde la publicación de El Alquimista sus libros se han mantenido durante semanas en las listas de los superventas en Italia, Francia y España. El Alquimista le granjeó la fama mundial. El argumento de la novela se inspira en una antigua leyenda del acervo hebraico: la del rabino de Praga. La virtuosidad de su arte literario, basado en la sencillez, y la oferta de una espiritualidad descafeinada hace el resto para captar, a las mil maravillas, el público lector más vasto. En el mes de octubre de 2001, Samuel Gutiérrez publicaba en las páginas de Iglesia en Andalucía, un artículo bajo el título "Bajo la amenaza de una espiritualidad sin Dios" alertando contra el movimiento New Age (Nueva Era), una amenaza que pesa, cual espada de Damocles, sobre las almas de nuestros contemporáneos, e incluye al prolífico escritor brasileño en los anaqueles de las bibliotecas nuevaeristas, diciendo lo que sigue: "(Paulo Coelho)... también transpira esta nueva conciencia".

Coelho en la actualidad se nos presenta como convertido al catolicismo, preocupado por el ecosistema y filántropo a carta cabal: cosa que celebramos. Pero, no obstante, es preciso y oportuno "apurar la verdad", como decían nuestros clásicos. No nos arrogamos el derecho de erigirnos en jueces de la vida de Paulo Coelho, eso será algo que el escritor tendrá que averiguar con Dios, pero sí que tenemos no solo el derecho, sino el deber, de examinar sus frutos, pues "por sus frutos los conoceréis". Los frutos de un escritor son sus libros.

Paulo Coelho se declara católico, pero su vida y obra revelan (o más bien velan) una estrategia de resignificación de la fe cristiana. No solo estamos ante un hábil escritor que ha sabido aprovechar la sed espiritual de muchas personas para hacer el marketing de sus libros. Sus raíces ocultistas y las líneas principales de sus obras lo sitúan directamente en la estela de la Nueva Era.

Coelho dice ser "católico a la propia manera": ser cristiano a la propia manera es apartarse de la fe de la Iglesia Católica, de su Magisterio; a la propia manera no se busca a Cristo, sino que quiere servirse tanto de Cristo y de la Iglesia Católica en su propio provecho.

Cuando Coelho habla de la fe católica conviene matizar. Él es católico a su manera, partidario de una religiosidad que tiene mucho de cóctel (cuarto y mitad de catolicismo, medio kilo de pensamiento oriental, mitad de cuarto de ocultismo y el resto de experiencias gnósticas y esotéricas). El resultado es una religiosidad vacía de compromiso, en la órbita del melifluo New Age, que tranquiliza las conciencias, que rebaja la experiencia con la divinidad y que supone una peligrosa estafa religiosa que algunos, sin embargo, admiran acríticamente como el paradigma de la religiosidad del nuevo milenio.

En sus novelas, lo más determinante es el mensaje, que convierte en calderilla los anhelos de gran parte de la humanidad. La manera de abordar un tema tan universal es por la vía de la superficialidad literaria y existencial, con unos personajes de telenovela que se comportan como peleles en manos de un autor omnisciente que, ante todo, quiere subrayar su mensaje idealista sobre la existencia. Pero, aunque lo religioso no ocupe un lugar prioritario, sí que está en el fondo de todo, difundiendo una nebulosa espiritualidad, donde Dios se convierte en una bonita y ambigua excusa para que todos los sucesos tengan sentido, lo que facilita la búsqueda de la autorrealización y la seguridad personal.

El mensaje que se repite en sus narraciones, y que está en todos sus libros, especialmente en El Alquimista, su obra más emblemática, es que todos podemos ser mucho mejores, que la inmortalidad es una meta que está al alcance de nuestras posibilidades, que tenemos derecho a que nuestros sueños se hagan realidad y que en cualquier momento de nuestra vida tenemos la posibilidad de fundirnos con la Totalidad, logrando la ansiada fusión íntima de nuestra Alma con el Mundo.

Por ejemplo, en El demonio y la Señorita Prym (2000) plantea cómo conviven el bien y el mal dentro del ser humano, llegando al punto de sugerir que los seres humanos que obran bien no lo hacen por propia opción, sino que lo hacen por miedo y por reprimir sus propios deseos de comportarse egoístamente.

Después de tirar de este hilo quedamos pasmados al detectar, en los libros de Paulo Coelho, condimentos que suponen un serio peligro para todo ese público lector, afanoso de espiritualidad, pero expugnable en su condición lega, indefenso ante lo que so capa de vindicar el mundo mágico y el amor sentimental no encuentra otra cosa que una mixtura de mensajes diabólicos, implícitos y sibilinamente colados de matute en la literatura; servidos en una intolerable mezcolanza de sentimentalismo y brujería.

Sus libros reflejan un vago espiritualismo que mezcla con habilidad argumentos iniciáticos con mensajes de las filosofías orientales, del esoterismo y de la religión católica.

Las similitudes de sus libros con los mensajes de estilo New Age son bastante evidentes, si bien Coelho hace también gala de un nebuloso catolicismo, que le lleva a utilizar personajes, citas e ideas procedentes del imaginario católico. Sin embargo, Coelho tiene una visión sui generis del catolicismo, pues rechaza la autoridad de la Iglesia, no cree en la idea de pecado y, en muchas ocasiones, utiliza las citas bíblicas con un sentido muy distinto al original.

Al igual que sucede con la New Age, no se encuentra en Coelho un ideario sistemático y estructurado. Su piedra filosofal es que todos tenemos sueños que vivir, y que nuestro destino depende de la realización de esos sueños: "Cuando tú quieres una cosa, todo el Universo conspira para que realices tu deseo". Como en la New Age, lo que predomina aquí es un cóctel sincretista de anhelos espirituales fáciles de asimilar sin compromisos incómodos: la trascendencia de la realización personal, la unión entre Dios, el mundo y los seres humanos, el libre examen de la percepción, el deseo de paz y armonía en el mundo y el ansia de transformar los seres humanos hacia un nivel superior. Como se lee en El Alquimista, "para eso existe la Alquimia. Para que cada hombre busque su tesoro y lo encuentre, y después quiera ser mejor de lo que fue en su vida anterior". La experiencia religiosa queda reducida así a psicología terapéutica: algo así como la búsqueda de la autorrealización y la seguridad personal.

Los rituales iniciáticos tienen una parte muy importante en los libros de Coelho. Gran parte de ellos (El peregrino de Compostela, El Alquimista, Brida...) basan su argumento en la descripción de esos rituales, que permiten estar atento a las señales, que son "el lenguaje de Dios".

¿Y si no crees en Dios? "No importa", explica en una entrevista del libro Pregúntale a Paulo Coelho (Pedro Pablo Pons, Ediciones Tikal).

En las digresiones religiosas y morales utiliza un lenguaje plagado de sentencias, en las que la ambigüedad y la utilización recurrente de la simbología aportan una aparente profundidad. De esta manera, las frases parecen decir mucho más de lo que en realidad dicen. Por ejemplo, en Brida leemos: "Somos eternos porque somos manifestaciones de Dios". Con estos recursos, el lector tiene la sensación de que se le están desvelando realidades invisibles y profundas, alejadas tanto del pensamiento materialista como de la religión tradicional.

A pesar del arrollador número de ventas, sus relaciones con la crítica literaria son conflictivas. Y es que sus libros no soportan un serio análisis crítico. Sus novelas son planas, esquemáticas, con unas tramas que abusan de un didactismo simplón, endulcorado con mensajes sugerentes (en sintonía con los mediocres libros de autoayuda) y repletos de una epidérmica sensibilidad espiritual.

La clave del éxito de Coelho no reside en sus dotes literarias, bastante tópicas y limitadas, sino en su hábil mezcla de paganismo, cristianismo y prácticas ocultistas —en la línea del New Age—, muy acordes con el renacimiento religioso, a veces confuso, que se vive especialmente en Europa.

Quizá el secreto de su masiva aceptación popular esté, precisamente, en la aplastante sencillez argumental y narrativa, que facilita la lectura de un tipo de lectores poco exigentes con los productos literarios. En sus novelas, salvo algunas excepciones, apenas hay violencia y sexo. También hay que tener en consideración su estilo, bastante lírico y almibarado, repleto de mensajes filosóficos y optimistas sobre la vida y la necesidad de la religión. Coelho opina que tiene "un estilo directo que es herencia de cuando escribía canciones de rock". Coelho sabe que sus lectores no tienen grandes inquietudes literarias, por eso hay que facilitarles las cosas: "Seguramente parte de mis lectores son gente que no lee habitualmente. Al principio eran mujeres y muchos jóvenes. Ahora hay adultos, hombres y gentes de razas y culturas muy diferentes. Mis lectores son personas que no han renunciado a sus sueños".

Literariamente, poco hay que decir de Coelho. No parece un autor que vaya a dejar mucha huella en la historia de la literatura, aunque sus ventas sean millonarias. Más bien parece que su literatura y su mensaje pseudorreligioso son un elaborado producto de nuestro tiempo, cuando el supuesto renacer religioso se ha transformado en algunos casos en una caótica y sincrética ensalada de religiones. ¿Místico, gurú, visionario, escritor, farsante…? A lo mejor la respuesta está en el marketing.

Muchos de sus lectores no leen sus libros como simples aventuras literarias, sino como manuales que les permitan iniciar una búsqueda espiritual.

Muchos católicos no saben hasta qué punto puede arrastrar una lectura de Paulo Coelho, pues el demonio, muy astuto, se las ingenia para hacer caer, incluso a los elegidos, quedan seducidos por una lectura que no mantiene la comunión eclesial. Hemos de ser prudentes, y mirar con lupa si un libro está permitido por la Santa Sede, nunca comprar un libro sospechoso.

 

Aquí lo que nos debe interesar, es amar a la Iglesia, ser fiel a la Iglesia Católica, aceptar su Magisterio que es un don de Dios para bien de la humanidad, empezando por el Pueblo de Dios que es la Iglesia Santa de Dios. 

Paulo Coelho brilla en el actual firmamento literario, deseamos que su estrella brille con una luz más pura.