Colaboraciones

 

Nihilismo

 

 

09 junio, 2019)| Javier Úbeda Ibáñez


 

 

Todo nihilismo lleva a combatir cuanto defiende a la persona: práctica de la religión, familia, legítima diversidad, propiedad.

   Las tendencias nihilistas, de algún modo, acompañan a cualquier desmoralización grave de la sociedad. Todo materialismo teórico o práctico posee un fondo nihilista y tiende a abolir cuanto defiende a la persona: la familia, la propiedad privada —al menos, su difusión a la mayoría, y en los puntos clave de la vida social: educación, opinión pública, etc.—, el gusto por la diversidad, y la religión; en especial, la fe católica, que señala la grandeza de la relación personal de cada hombre con el Creador, y la consiguiente libertad y responsabilidad de todo hombre.

   El afán destructor que caracteriza al nihilismo, el odio al hombre y a la libertad, la fobia al Creador, tienen su raíz en el pecado. El hombre que peca, y se obstina en su pecado, de algún modo hace cuanto está en sus manos para volver a la nada: disminuye progresivamente su capacidad de amar al Creador y a los demás, en que consiste el don de la libertad. Tal autodestrucción voluntaria y egoísta engendra el pesimismo nihilista. El nihilismo no es más que un intento de autojustificar el personal y responsable fracaso de los hombres, por el mal uso de su libertad, elevando la destrucción a tendencia necesaria e indispensable de la naturaleza y de la historia. Para negar la propia culpa, el modo libre en que se ha obrado mal, se convierte la destrucción en ley del progreso inmanente del mundo.

   De ahí que, en la práctica, no haya más que una respuesta última y radical al nihilismo: la conversión personal de las propias culpas. El afán destructor del nihilismo muere con el bien obrar.