19.12.12

Bendecir lo bueno, tener por malo lo que es malo

A las 12:48 AM, por Eleuterio
Categorías : General, Defender la fe

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.
Panecillo de hoy:
¿Qué escrúpulo mantuvo Jesucristo en su vida?: ¡Ninguno! Entonces… si es tu Señor, ¿acaso quieres ser más que Él?

Y, ahora, el artículo de hoy.
Bendeciré a Yahveh en todo tiempo, sin cesar en mi boca su alabanza
(Salmo 33 ,1)

Suele decirse que cuando llega el tiempo de Navidad, los corazones humanos de los creyentes se vuelven más blandos o, lo que es lo mismo, que la aspiración de Dios de que sustituyamos el que tenemos, muchas veces, de piedra, y se convierta en uno de carne, se hace posible. Y el Creador, seguramente, goza sabiendo que, al menos durante unos días, somos lo que deberíamos ser todo el tiempo.

El lenguaje es, sin duda, una forma maravillosa de dirigirnos al resto de seres humanos. Por eso no puede ser cicatero ni políticamente correcto pues la corrección política lleva inscrita en sí misma la palabra traición a unas creencias y, con casi toda seguridad, la malversación de una fe que a duras penas deambula por el mundo dando más tumbos de los que debería dar.

Por eso debemos saber que es posible y que es, sobre todo, necesario, bendecir lo que es en verdad bueno y benéfico y tener por malo lo que es malo, negativo y nigérrimo para la fe que tenemos por nuestra y que, por católica, es universal.

Expresamos, por lo tanto, buenos deseos para aquellos creyentes que se toman su fe en serio y no la tergiversan ni la hacen de menos. Bendecimos, por lo tanto, a los creyentes que aman su fe y la ponen en práctica teniendo en cuenta lo que supone o lo que puede suponer de contrario a los intereses de los demás y que, en muchas ocasiones, tanto daño puede causar en el espíritu de quien se sabe hijo de Dios.

También bendecimos a los que no anteponen el mundo a su fe católica y tienen lo mundano por instrumento del Mal. Los bendecimos porque no aceptan la señal de la Bestia en sus frentes y en sus manos o, lo que es lo mismo, en lo que piensan y en lo que hacen y saben que Dios ha de tener en cuenta, para su bien y su espíritu, que se rechace lo que Él rechaza y no se esté a lo que no se tiene que estar.

No podemos olvidar la bendición que ha de recaer en aquellos creyentes católicos que miran el futuro con la esperanza de quien sabe que más allá de este acá hay un mundo que es mejor que el que ahora ocupa sus vidas y que Dios, en su Amor y su Misericordia, está preparándoles sus estancias para que en ellas pasen la eternidad que dura siempre, siempre, siempre.

Bendigamos, pues, y demos gracias por sus vidas, por todos aquellos fieles católicos que aceptan la soberanía de Cristo en el mundo y que hacen de Cristo su realidad, su existencia, esencia y modo de vida y que aceptan llevar la cruz que les ha tocado llevar reconociendo, en el Mesías, a un hermano que es, a la vez, Padre.

Invoquemos, por lo tanto, el nombre santo de Cristo, para que aquellos católicos que son porque lo son y saben que lo son, no pierden la fuerza del corazón que les hace responder como hijos de Dios a su Creador.

Y no tengamos en cuenta, por otra parte, aquello que es malo y negativo para la fe católica y que pretende hacer daño a lo que hace muchos siglos dejó dicho Cristo. Y, como este tiempo en el que ahora estamos es tiempo de paz, bástenos decir, en beneficio de nuestro corazón de carne, que ya sabrá Dios como corregir los entuertos que tantas veces ocasionan aquellos que de la fe tienen un sentido torcido y, así, la tuercen y retuercen hasta hacerla irreconocible.

En su Providencia está toda respuesta que esperamos y, sobre todo, la que no esperamos pero permanece en el corazón de Dios.

Eleuterio Fernández Guzmán